viernes, 31 de mayo de 2013

Científicos desarrollan una nariz electrónica que emula olfato canino

Esta podría detectar la “huella aromática” que dejan las personas y ayudar a localizar delincuentes.

Científicos israelíes del Instituto Tejnión de Haifa (norte) desarrollan una "nariz electrónica" para detectar la "huella aromática" de seres humanos que podría ser empleada en el futuro en la identificación y localización de todo tipo de delincuentes.
En una investigación financiada por el Ministerio de Seguridad Interior de Israel, un equipo científico, bajo la dirección del profesor Husam Hayek, recurrió a microscópicos sensores químicos para identificar las trazas intransferibles del olor que desprende cada individuo.
"Es como una huella digital: todos tenemos un olor particular y la investigación trata de descubrir si se puede establecer una vínculo concluyente que pueda ser empleado en tribunales", dijo Tzvika Kanfer, director de Ciencias Exactas y Tecnología en el citado ministerio.
La investigación, que durante 2013 pasará la prueba decisiva de eficacia, se inspira en el olfato de los perros, animales con miles de "receptores" capaces de detectar, analizar e identificar el olor de objetos y personas.
"Tratamos de emular el olfato canino de forma electrónica", explica Kanfer, simplificando lo que realmente se esconde detrás de la investigación: miles de algoritmos e incontables retos científicos en el campo de la nanotecnología.
Uno de ellos es el de que la "nariz electrónica" reproduzca desde el proceso de inhalación de partículas hasta el de análisis de aromas que se realiza en el cerebro humano, y que atribuya eficazmente a la persona en cuestión una "identidad".
"El cerebro se especializa en la identificación de patrones y al identificar el de un olor busca en su almacén de memoria para determinar de qué o quién se trata", explica.
El olor que deja una persona al respirar o tocar un objeto consta de un "patrón aromático" singular en cada individuo, pero lo más difícil es "sintetizar ese patrón de otros olores ambientales con los que se mezcla".
Todo un reto para los sensores, que deben sintetizar el patrón de entre toda la contaminación que va acumulando el cuerpo a lo largo del día.
Perfumes, olores de comida, humo, gasolinas y otros agentes químicos de uso diario son algunos de los elementos que van diluyendo la firma aromática, pero que aún así los perros saben sintetizar a través de su desarrollado olfato.
La investigación se realiza en el Departamento de Ingeniería Química del Tejnión, aunque su objetivo original dista mucho de los fines en materia de seguridad que se ha fijado el ministerio.
Los científicos trabajan en realidad en un mecanismo olfativo para la detección de enfermedades, entre ellas el cáncer y el parkinson, y se basa en la premisa de que el "patrón aromático" que desprende una persona enferma es distinto al de una sana.
"Al respirar, la persona desprende unas -llamémoslas- partículas químicas, y en un futuro no muy lejano los médicos podrán detectar si está o no enferma de acuerdo a su tipo", asegura Kanfer al comparar el proceso de detección con el de una prueba de alcoholemia en carretera, salvando las grandes diferencias científicas.
La aplicación policial de esta técnica, que antes de pasar a su fase más crítica en los próximos meses debe superar con éxito el 50 % de las pruebas de identificación -advierte el funcionario-, servirá para recoger "huellas aromáticas" en la escena de un crimen, para después compararlas con las de posibles sospechosos.
"Si la prueba de eficacia consigue demostrar por encima de toda duda que cada persona tiene una huella aromática particular, será posible recoger los olores de la escena de un crimen y convocar una rueda de identificación" de sospechosos, sostiene Kanfer, que se muestra optimista de las pruebas realizadas hasta ahora.
Otra posible aplicación que los científicos ven en un horizonte no muy lejano es la de que los microsensores puedan ser incorporados a los teléfonos móviles, de forma que estos alerten a su propietario de que se ha registrado una variación química en su aliento y deben acudir al médico porque están enfermos; todo ello, mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas.

La ciencia de extirpar los malos recuerdos

Lo que pasa en el cerebro cuando tratamos de olvidar: Borrar la memoria aún es ficción, pero...


¿Quién no carga con un recuerdo doloroso que quisiera eliminar? Ese deseo, explorado en películas como Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, podría ser realidad. Según una investigación de la Universidad de Cambridge, hay dos técnicas para sacarse de la cabeza las experiencias amargas: la supresión y la sustitución.
Citado por el diario argentino La Nación, Roland Benoit, jefe del Departamento de Neurociencia de esa institución, explicó que el primer mecanismo para causar el olvido es detener el proceso de recordar, o sea “empujar la memoria (afuera) de la conciencia intencionalmente”. El segundo mecanismo consiste en ‘encender’ un nuevo recuerdo, para que trate “de ocupar la conciencia con algo más agradable”.
Resonancia e interferencia
Mediante resonancias magnéticas, los investigadores concluyeron que “cada mecanismo activa unos circuitos neuronales distintos” y que ambas estrategias cerebrales son igualmente efectivas a la hora de dese-char recuerdos.
Para Andrés Pérez, docente de Psicología de la Universidad del Rosario, lo que plantea Benoit es aprovechar un fenómeno llamado interferencia. “Lo que uno recuerda hace parte de una cadena de hechos, por lo que algunos recuerdos interfieren con otros –afirma–. Hay dos posibilidades de interferencia, una proactiva, cuando los recuerdos más viejos afectan a los nuevos, y otra retroactiva, en la que pasa lo contrario”.
Aunque las pesquisas de Cambridge no son una panacea, sino apenas una descripción de lo que pasa en el cerebro cuando las personas tratan de olvidar algo, a partir de sus conclusiones es posible desarrollar tratamientos para diversos problemas mentales.
Mientras tanto, ¿es posible bloquear los recuerdos? El psicólogo clínico Juan Camilo Restrepo, de La Sabana, aclara que las intervenciones cognoscitivo-conductuales que se hacen hoy no tratan de borrar malos recuerdos, sino propiciar otra manera de abordarlos. De hecho, el estrés postraumático se trata reprocesando los eventos sufridos, para cambiar el modo en que el sujeto los representa en su memoria. Todo, con base en el hecho de que cuando el recuerdo es traído al presente se almacena de nuevo en el cerebro. “En ese momento entra en una etapa débil, y puede ser modificado”, dice Restrepo.
Los tratamientos “abordan dos componentes –agrega–: el primero busca que la persona aprenda que esas situaciones (ya) no son peligrosas; y el segundo lleva a la persona a modificar el significado de esa información. Lo que se busca es erradicar la memoria emocional negativa, que la persona sea consciente de lo que pasó, pero que ya no la afecte”.
Pero antes de cualquier intervención, hay que tener en cuenta un principio fundamental: los malos recuerdos no son inútiles. De hecho, desempeñan un papel muy importante. “Cumplen una función adaptativa y ayudan a protegernos y evitar el peligro. Por ejemplo, si me atracan en un puente por la noche, gracias al recuerdo que tengo de ese evento no volveré a pasar por el mismo lugar a la misma hora”, sostiene Pérez.
Por supuesto, todo extremo es dañino y hay recuerdos persistentes que se vuelven traumas. “Cuando se presentan reacciones emocionales muy intensas en momentos inadecuados, y eso afecta la calidad de vida, hablamos de una patología”. Es la señal de alarma que da Restrepo.
Lo negativo es más persistente

Lo que pasa en el cerebro cuando tratamos de olvidar: Borrar la memoria aún es ficción, pero...


¿Quién no carga con un recuerdo doloroso que quisiera eliminar? Ese deseo, explorado en películas como Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, podría ser realidad. Según una investigación de la Universidad de Cambridge, hay dos técnicas para sacarse de la cabeza las experiencias amargas: la supresión y la sustitución.
Citado por el diario argentino La Nación, Roland Benoit, jefe del Departamento de Neurociencia de esa institución, explicó que el primer mecanismo para causar el olvido es detener el proceso de recordar, o sea “empujar la memoria (afuera) de la conciencia intencionalmente”. El segundo mecanismo consiste en ‘encender’ un nuevo recuerdo, para que trate “de ocupar la conciencia con algo más agradable”.
Resonancia e interferencia
Mediante resonancias magnéticas, los investigadores concluyeron que “cada mecanismo activa unos circuitos neuronales distintos” y que ambas estrategias cerebrales son igualmente efectivas a la hora de dese-char recuerdos.
Para Andrés Pérez, docente de Psicología de la Universidad del Rosario, lo que plantea Benoit es aprovechar un fenómeno llamado interferencia. “Lo que uno recuerda hace parte de una cadena de hechos, por lo que algunos recuerdos interfieren con otros –afirma–. Hay dos posibilidades de interferencia, una proactiva, cuando los recuerdos más viejos afectan a los nuevos, y otra retroactiva, en la que pasa lo contrario”.
Aunque las pesquisas de Cambridge no son una panacea, sino apenas una descripción de lo que pasa en el cerebro cuando las personas tratan de olvidar algo, a partir de sus conclusiones es posible desarrollar tratamientos para diversos problemas mentales.
Mientras tanto, ¿es posible bloquear los recuerdos? El psicólogo clínico Juan Camilo Restrepo, de La Sabana, aclara que las intervenciones cognoscitivo-conductuales que se hacen hoy no tratan de borrar malos recuerdos, sino propiciar otra manera de abordarlos. De hecho, el estrés postraumático se trata reprocesando los eventos sufridos, para cambiar el modo en que el sujeto los representa en su memoria. Todo, con base en el hecho de que cuando el recuerdo es traído al presente se almacena de nuevo en el cerebro. “En ese momento entra en una etapa débil, y puede ser modificado”, dice Restrepo.
Los tratamientos “abordan dos componentes –agrega–: el primero busca que la persona aprenda que esas situaciones (ya) no son peligrosas; y el segundo lleva a la persona a modificar el significado de esa información. Lo que se busca es erradicar la memoria emocional negativa, que la persona sea consciente de lo que pasó, pero que ya no la afecte”.
Pero antes de cualquier intervención, hay que tener en cuenta un principio fundamental: los malos recuerdos no son inútiles. De hecho, desempeñan un papel muy importante. “Cumplen una función adaptativa y ayudan a protegernos y evitar el peligro. Por ejemplo, si me atracan en un puente por la noche, gracias al recuerdo que tengo de ese evento no volveré a pasar por el mismo lugar a la misma hora”, sostiene Pérez.
Por supuesto, todo extremo es dañino y hay recuerdos persistentes que se vuelven traumas. “Cuando se presentan reacciones emocionales muy intensas en momentos inadecuados, y eso afecta la calidad de vida, hablamos de una patología”. Es la señal de alarma que da Restrepo.
Lo negativo es más persistente
“Está comprobado que los recuerdos con mayor carga afectiva son los más persistentes. Y entre los positivos y los negativos, suelen imponerse los segundos”, asegura el psicólogo Andrés Pérez.
Fármacos, el olvido que tomaremos
Estudios señalan que el propanolol reduce el estrés postraumático
El psicólogo Juan Camilo Restrepo comenta que varios experimentos han demostrado que la memoria se puede intervenir. Los primeros se hicieron con animales que habían memorizado la forma de salir de un laberinto, pero que luego de darles una sustancia inhibidora de la síntesis de proteínas no recordaban cómo hacerlo. Otro estudio probó en humanos un fármaco que se utiliza para regular la tensión. A varias víctimas de eventos traumáticos les pidieron describirlos y a algunas les dieron el fármaco. Al cabo de una semana de dosis diarias, su respuesta psicológica al hecho resultó mucho mejor que la de los demás. “Sin embargo -advierte Restrepo-, como no conocemos ciertas variables de los mecanismos de reconsolidación de la memoria, no se sabe cómo podrían aplicarse en la parte clínica”.
El tema de la memoria ha inspirado al cine
En ‘Eterno resplandor de una mente sin recuerdos’, los protagonistas acuden a una clínica para olvidarse mutuamente. En ‘Paycheck’, a Ben Affleck le borran la memoria cada vez que idea una novedad tecnológica, y ‘El vengador del futuro’ gira en torno de la creación de falsos recuerdos.
“Está comprobado que los recuerdos con mayor carga afectiva son los más persistentes. Y entre los positivos y los negativos, suelen imponerse los segundos”, asegura el psicólogo Andrés Pérez.
Fármacos, el olvido que tomaremos
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El psicólogo Juan Camilo Restrepo comenta que varios experimentos han demostrado que la memoria se puede intervenir. Los primeros se hicieron con animales que habían memorizado la forma de salir de un laberinto, pero que luego de darles una sustancia inhibidora de la síntesis de proteínas no recordaban cómo hacerlo. Otro estudio probó en humanos un fármaco que se utiliza para regular la tensión. A varias víctimas de eventos traumáticos les pidieron describirlos y a algunas les dieron el fármaco. Al cabo de una semana de dosis diarias, su respuesta psicológica al hecho resultó mucho mejor que la de los demás. “Sin embargo -advierte Restrepo-, como no conocemos ciertas variables de los mecanismos de reconsolidación de la memoria, no se sabe cómo podrían aplicarse en la parte clínica”.
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En ‘Eterno resplandor de una mente sin recuerdos’, los protagonistas acuden a una clínica para olvidarse mutuamente. En ‘Paycheck’, a Ben Affleck le borran la memoria cada vez que idea una novedad tecnológica, y ‘El vengador del futuro’ gira en torno de la creación de falsos recuerdos.

El primer hombre biónico con órganos y extremidades 'vive' en Londres

Rex mide dos metros y su construcción costó un millón de dólares. Vea las impactantes imágenes.


Órganos artificiales, sangre sintética y extremidades que funcionan casi a la perfección. Así es el primer hombre biónico, creado por expertos en robótica a partir de sistemas electrónicos, que fue presentado ayer en Londres (Inglaterra).
Rich Walker, director ejecutivo del equipo de robótica Shadow, explicó que cerca del 60 o 70 por ciento de un ser humano fue reconstruido en Rex pero que faltan órganos vitales como el estómago.

Tiene una cara de prótesis, caderas, rodillas, pies y manos, así como retina artificial, corazón y riñón. Otros órganos internos, como el páncreas, pulmones artificiales y la vejiga, están en desarrollo.

"Nos sorprendió cómo muchas de las partes del cuerpo pueden ser reemplazadas", aseguró Walker.

El psicólogo Bertolt Meyer, usado como modelo para crear a Rex y que tiene una prótesis en su mano izquierda, aseguró que "de repente nos encontramos en un punto en el que podemos construir un cuerpo que es grande y hermoso en su propia manera especial".

Pero los científicos advierten que aún están lejos de imitar la destreza de los movimientos humanos.

"Tenemos motores que pueden levantar las cosas, pero si quieres imitar la destreza de una mano, no estamos allí todavía. Estamos muy lejos de transmitir la información sensorial de la forma en que el cuerpo humano lo hace", dijo el profesor Steven Hsiao de la Universidad John Hopkins.

"Yo diría que es muy poco probable que, en nuestras vidas o en la de nuestros nietos, veamos un cuerpo humano completamente articulada con una inteligencia artificial", aseguró Meyer.

Rex, considerado el pináculo del logro de la robótica hasta hoy, será exhibido en el Museo de Ciencias de Londres.

El viaje de la ciencia a través del tiempo

Antes De Cristo

 500-1000

1000-1500

1500

1600

1700

1546

1800

1900

Los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki. Los ataques se efectuaron el 6 y el 9 de agosto de 1945, y pusieron el punto final a la Segunda Guerra Mundial.

2000

Mendigando por la ciencia

“Dado los grandes esfuerzos de este Gobierno por acabar con la investigación en España, los investigadores están de saldo o incluso regalados para el país que los quiera aprovechar”, ha denunciado hoy un grupo de jóvenes científicos en la madrileña Puerta del Sol convocados por la Federación de Jóvenes Investigadores / Precarios y varias plataformas de universidades y centros de investigación movilizadas contra la dramática situación del sistema español de I+D. Alrededor de una top manta con material de laboratorio y un cartel que anunciaba Científico, se vende, los investigadores, vestidos con sus típicas batas blancas, han querido exponer “el chollo que somos para los que nos quieran acoger”.
Roberto Diez, predoctoral del Centro de Investigaciones Biológicas (CSIC), en Madrid, ha expuesto sus reivindicaciones: “Queremos que la sociedad crea en la ciencia, que entienda que es importante investigar y que, con la situación actual, después de que se ha invertido aquí en nuestra formación, tenemos que irnos a trabajar fuera, a otros países que lo aprovechan “. Por supuesto, puntualiza, los científicos tienen que completar su formación en otros países, pero se trata de “salir para mejorar y volver aquí para rendir más, no de tener que irte a trabajar fuera definitivamente después de lo que se ha invertido aquí en tu preparación”.
Los investigadores han expresado en la manifestación su apoyo al movimiento Carta por la Ciencia, que auna a la Confederación de sociedades Científicas de España (COSCE), la conferencia de rectores de universidad (CRUE), los sindicatos CCOO y UGT, la Plataforma Investigación Digna y la FJI/Precarios, y que ha convocado, para el próximo 14 de junio, una movilización en defensa de la ciencia y como denuncia del riesgo de colapso que sufre. Tanto la reducción drástica de los presupuestos para investigar como el problema acuciante de recursos humanos que se está convirtiendo en una auténtica fuga de cerebros, están llevando al colapso el sistema español de I+D, denuncia la Carta por la Ciencia.

La mosca del vinagre contra las enfermedades neurodegenerativas

Las enfermedades neurodegenerativas –el Huntington, el alzhéimer, el párkinson o la ataxia espinocerebelar— se caracterizan por la acumulación de proteínas tóxicas en las neuronas. Los científicos del Baylor College of Medicine en Houston, Tejas, han utilizado ahora una ingeniosa estrategia genética para identificar (primero en la mosca Drosophila, después en ratones y células humanas) los componentes que causan esa acumulación, y han comprobado que actuar con pequeñas moléculas contra ellos revierte la neurodegeneración en modelos animales de ataxia espinocerebelar.
El envejecimiento de la población en los países desarrollados está convirtiendo las enfermedades neurodegenerativas en una de las cuestiones más acuciantes para los gestores de la salud pública, y esta tendencia solo puede acentuarse con el tiempo y extenderse por las economías emergentes.
En los últimos años los científicos han identificado un buen número de genes implicados en las principales enfermedades neurológicas, incluidas las neurodegenerativas que suelen aparecer en la segunda mitad de la vida. Algunos de estos genes, en su forma mutante o alterada, fabrican cantidades excesivas –o unas versiones excesivamente resistentes— de las proteínas que se acumulan en las neuronas enfermas: huntingtina en caso del Huntington; synucleína alfa en el caso del párkinson, y otras llamadas tau y precursor del amiloide, ambas implicadas en el alzhéimer.
Pese a que estas dolencias cursan con síntomas muy distintos y se asocian a factores genéticos diversos, todas comparten un mismo mecanismo patogénico: la acumulación anormal de esas proteínas tóxicas en las neuronas del paciente.
Los científicos del Baylor College han diseñado de arriba a abajo una estrategia para encontrar lo que ellos llaman “puntos de entrada terapéuticos” contra estas enfermedades neurodegenerativas. Han utilizado la poderosa genética de la mosca Drosophila melanogaster para rastrear el genoma en busca de cualquier otro sistema biológico que afecte al grado de acumulación de esas proteínas tóxicas. Y han trabajado en paralelo con ratones y células humanas, cuyos sistemas no son, naturalmente, idénticos a los de la mosca, pero sí lo bastante como para avanzar mucho más rápido que si hubiera que empezar desde cero con ellos.
Uno de los autores del trabajo, y uno de los pioneros en la aplicación de la mosca al estudio de la neurodegeneración humana, es Juan Botas, formado en Madrid como genetista de Drosophila e investigador, desde hace 20 años, del departamento de genética humana y molecular del Baylor College of Medicine. Botas explica a EL PAÍS desde Tokio la razón que movió al equipo de Houston a elegir la ataxia espinocerebelar (SCA1 en sus siglas técnicas) como caso de estudio, en lugar de alguna de las otras dolencias más comunes.
“SCA1 es una enfermedad neurodegenerativa de incidencia relativamente baja si la comparamos con el alzhéimer o el párkinson”, explica el científico español. “Por ello no recibe tanta atención investigadora como estas otras, y particularmente nada del sector privado, pero es igualmente terrible y, al igual que las otras, tampoco tiene tratamiento; pese a ello hemos aprendido de SCA1 conceptos generalizables a otras enfermedades neurodegenerativas; y naturalmente SCA1 lo es todo para los pacientes y sus familias, que están muy desamparados”.
El descubrimiento concreto que ha merecido hoy el artículo principal de la revista Nature puede sonar algo abstruso al lector general. “Nuestro trabajo”, explica Botas, “descubre dianas terapéuticas de la vía Ras-MSK1, e incluso disponemos de inhibidores conocidos para algunas de ellas”. Esa vía Ras-MSK1 es uno de los muchos, complejos e intrincados sistemas que nuestras células –neuronas y todas las demás— utilizan para comunicarse con el entorno fisiológico y las células vecinas. Y esos inhibidores son los que han logrado revertir la neurodegeneración en los modelos animales de SCA1 que han usado los investigadores.
“Pienso que lo importante”, prosigue Botas, “es que la estrategia –buscar modificadores que disminuyan los niveles de la proteína tóxica que desencadena la enfermedad— es aplicable a muchas otras enfermedades neurodegenerativas incluyendo el alzhéimer, el párkinson y el Huntington; y que podemos hacer esto utilizando el mismo abordaje de rastreos paralelos en Drosophila y células humanas, con lo que ganamos confianza y disminuimos los inconvenientes que pueda tener un sistema o el otro por separado”.

Una terapia triplica la supervivencia a dos años en cáncer de pulmón avanzado

Este periódico publicó en abril de 2011 una entrevista con el empresario argentino Hugo Sigman en cuyo título confesaba: “Mi gran desafío es cronificar el cáncer”. O sea, prolongar la enfermedad hasta que deje de ser mortal. Este psiquiatra, consejero delegado del grupo Insud, fundador del laboratorio farmacéutico Chemo -con sedes en Madrid y Buenos Aires- y de empresas relacionadas con el cine y el mundo editorial, comenzó hace 18 años, con buenas dosis de “inconsciencia” un proyecto para investigar una vacuna terapéutica contra el cáncer. No contaba entonces ni con la experiencia, ni con el dinero ni los recursos humanos necesarios. Así que no tuvo más remedio que probar caminos nuevos y recurrir a la cooperación con el sector público, algo que en aquella época era bastante inusual en Argentina.
Esta semana, gracias a aquel espíritu un tanto utópico, el equipo y los socios de Hugo Sigman y su esposa, la bioquímica Silvia Gold, presentarán en la reunión anual de la American Society of Clinical Oncology (ASCO) de Chicago el fruto que comenzaron a buscar hace 18 años: la vacuna terapéutica Vaxira® (racotumomab), una nueva opción de tratamiento para pacientes con cáncer de pulmón de células no pequeñas.
Este tipo de cáncer de pulmón es de los más letales de todos. Es poco habitual detectarlo en su fase inicial porque cuando los síntomas aparecen ya se encuentra en un periodo avanzado. Cada año surgen 1,61 millones de nuevos casos y acaba con la vida de 1,38 millones de personas (18,2% de todos los fallecimientos oncológicos), según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Entre los distintos tipos de cáncer de pulmón, el de células no pequeñas es el más frecuente, con un 70% de prevalencia.
Como muestra de su letalidad, se puede afirmar que, de una manera general, el 90% de las personas a las que se diagnostica un cáncer de pulmón no sobrevive más de cinco años. Esta enfermedad tiene diversas variedades, y, además, hay pocas pruebas que la detecten precozmente, informa Emilio de Benito. Y, en el caso de los tumores graves y resistentes a las terapias ya existentes, las perspectivas son aún peores: solo un 8% de las personas sobrevive actualmente dos años; con este nuevo tratamiento, el porcentaje llega al 24%, dice Sigman.
“Con este producto no se elimina el cáncer”, advierte Sigman, “pero se le da al enfermo la oportunidad de una sobrevida más larga; se triplica la cantidad de pacientes que sobreviven dos años después de iniciada su aplicación. Es el primer tratamiento nuevo para esta indicación que tienen disponible los oncólogos en los últimos 10 años”.
El producto es fruto de la asociación de un consorcio público-privado en el que han participado unos 90 investigadores. Por la parte privada destaca el laboratorio Chemo como principal impulsor. En el sector público participaron el Centro de Inmunología Molecular de La Habana y diversas instituciones argentinas. Hace unos cuatro años, Sigma volvió a necesitar alianzas para afrontar los estudios clínicos y optó por asociarse con un laboratorio de Brasil y otro de Indonesia. “A cambio de recibir ellos la licencia del producto nos ayudaron en la última etapa que es muy costosa”, señala.
“Durante todos estos años, cada vez que nos entrevistaban teníamos miedo de infundir demasiadas esperanzas en los pacientes”, indica Silvia Gold. “No prometíamos nada. Pero el año pasado ya lo presentamos en la reunión anual de ESMO (The European Society for Medical Oncology), en Viena. Y esta semana lo haremos en Chicago. El producto ya está aprobado en Cuba y se espera que en los próximos meses empiece a estar disponible allá. En Argentina saldrá al mercado en julio. Y ya está licenciado en 25 países de América, Asia y Europa. Para el resto del mundo, la licencia la tiene Chemo. En donde el proceso de aprobación se encuentra más próximo a comenzar es en Brasil, México, Indonesia, Uruguay y Turquía”, concluye Gold.
Un consorcio latinoamericano lanza el producto tras presentarlo en los congresos europeo y americano
El matrimonio aclara que la vacuna no es preventiva sino terapéutica. Solo se puede aplicar cuando se detecta el cáncer. “No todos los pacientes sobrellevan bien las sesiones de quimio y radioterapia. Esta nuevo medicamento produce una respuesta inmunológica que hace que el organismo del enfermo ataque el tumor sin graves efectos adversos. Además, es compatible con los tratamientos tradicionales”, indica Sigman. “Cuanto mejor haya respondido el paciente a la quimio y a la radioterapia mejor responderá a esta vacuna”, precisa un colaborador de Sigman.
“La vacuna consiste en una inyección intradérmica que se aplica en la piel, en la capa más superficial de la dermis”, subraya Sigman. Se administran cinco dosis cada 14 días. Después, una por mes hasta completar 15. Y luego se requiere un refuerzo trimestral. En Argentina el coste lo cubrirá el Estado o los seguros médicos. En otros países, el tratamiento saldrá por unos 20.000 o 30.000 dólares al año (de 15.000 a 23.000 euros). “Los nuevos productos de este tipo están al doble de este costo”, aclara Sigman.
El proyecto comenzó hace 18 años durante una reunión del matrimonio argentino con el director del Centro de Inmunología Molecular de La Habana, Agustín Lage. “Había antecedentes de un equipo que trabajó en Estados Unidos en un proyecto parecido, pero no prosperó. Nosotros comenzamos con muy poca consciencia del esfuerzo económico y los recursos humanos que íbamos a necesitar”, indica Sigman. “Hicimos un plan de trabajo de cinco años. Firmamos un convenio que tenía plazos y etapas y al cabo de ese tiempo el producto iba a estar registrado y lanzado. Al terminar ese periodo vimos que aquello no era viable. Pero teníamos algo. Y dijimos: ‘¿Seguimos o no seguimos?”, explica Silvia Gold.
El sistema actúa de una manera similar a una vacuna
“Era un sentimiento épico por ver si en países como los nuestros, donde no existe una tradición de descubrimiento de productos, éramos capaces de abordar esta aventura. Y por otra parte, queríamos probar un abordaje distinto al cáncer; porque como médicos veíamos que muchos pacientes no podían tratarse esta enfermedad a causa de los efectos secundarios de los tratamientos. Nuestro sueño era detener la enfermedad y que el paciente sufriera lo menos posible”, comenta Sigman.
Hace 18 años el tratamiento inmunológico contra el cáncer era observado con cierto escepticismo por buena parte de la comunidad científica. Hoy en día, sin embargo, la inmunoterapia desempeña un papel importante en el tratamiento oncológico, según señala el director del Instituto de Salud de la London Metropolitan University, Christopher Branford-White, en unas declaraciones facilitadas por el laboratorio Chemo. “La principal ventaja de este tipo de estrategia es que hace blanco en antígenos tumorales específicos, lo cual implica menos toxicidad y menos efectos adversos en comparación con las terapias convencionales”, concluye Branford-White. Se tata, como otros "mabs" ya conocidos, de enseñar al sistema inmunitario a atacar a las células cancerosas. En concreto, se ha buscado un antígeno (un marcador) que está en la superficie de las células enfermas y solo en ellas. Con ello se produce una especie de vacuna: tras las inyecciones, los ganglios (sede del sistema inmunitario) fabrican los anticuerpos, que son específicos para ellos. Es, como se ve, un proceso similar al de las vacunas. Luego, esos anticuerpos, que circulan por la sangre, se encargarán de atacar las cél
Este periódico publicó en abril de 2011 una entrevista con el empresario argentino Hugo Sigman en cuyo título confesaba: “Mi gran desafío es cronificar el cáncer”. O sea, prolongar la enfermedad hasta que deje de ser mortal. Este psiquiatra, consejero delegado del grupo Insud, fundador del laboratorio farmacéutico Chemo -con sedes en Madrid y Buenos Aires- y de empresas relacionadas con el cine y el mundo editorial, comenzó hace 18 años, con buenas dosis de “inconsciencia” un proyecto para investigar una vacuna terapéutica contra el cáncer. No contaba entonces ni con la experiencia, ni con el dinero ni los recursos humanos necesarios. Así que no tuvo más remedio que probar caminos nuevos y recurrir a la cooperación con el sector público, algo que en aquella época era bastante inusual en Argentina.
Esta semana, gracias a aquel espíritu un tanto utópico, el equipo y los socios de Hugo Sigman y su esposa, la bioquímica Silvia Gold, presentarán en la reunión anual de la American Society of Clinical Oncology (ASCO) de Chicago el fruto que comenzaron a buscar hace 18 años: la vacuna terapéutica Vaxira® (racotumomab), una nueva opción de tratamiento para pacientes con cáncer de pulmón de células no pequeñas.
Este tipo de cáncer de pulmón es de los más letales de todos. Es poco habitual detectarlo en su fase inicial porque cuando los síntomas aparecen ya se encuentra en un periodo avanzado. Cada año surgen 1,61 millones de nuevos casos y acaba con la vida de 1,38 millones de personas (18,2% de todos los fallecimientos oncológicos), según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Entre los distintos tipos de cáncer de pulmón, el de células no pequeñas es el más frecuente, con un 70% de prevalencia.
Como muestra de su letalidad, se puede afirmar que, de una manera general, el 90% de las personas a las que se diagnostica un cáncer de pulmón no sobrevive más de cinco años. Esta enfermedad tiene diversas variedades, y, además, hay pocas pruebas que la detecten precozmente, informa Emilio de Benito. Y, en el caso de los tumores graves y resistentes a las terapias ya existentes, las perspectivas son aún peores: solo un 8% de las personas sobrevive actualmente dos años; con este nuevo tratamiento, el porcentaje llega al 24%, dice Sigman.

“Con este producto no se elimina el cáncer”, advierte Sigman, “pero se le da al enfermo la oportunidad de una sobrevida más larga; se triplica la cantidad de pacientes que sobreviven dos años después de iniciada su aplicación. Es el primer tratamiento nuevo para esta indicación que tienen disponible los oncólogos en los últimos 10 años”.
El producto es fruto de la asociación de un consorcio público-privado en el que han participado unos 90 investigadores. Por la parte privada destaca el laboratorio Chemo como principal impulsor. En el sector público participaron el Centro de Inmunología Molecular de La Habana y diversas instituciones argentinas. Hace unos cuatro años, Sigma volvió a necesitar alianzas para afrontar los estudios clínicos y optó por asociarse con un laboratorio de Brasil y otro de Indonesia. “A cambio de recibir ellos la licencia del producto nos ayudaron en la última etapa que es muy costosa”, señala.
“Durante todos estos años, cada vez que nos entrevistaban teníamos miedo de infundir demasiadas esperanzas en los pacientes”, indica Silvia Gold. “No prometíamos nada. Pero el año pasado ya lo presentamos en la reunión anual de ESMO (The European Society for Medical Oncology), en Viena. Y esta semana lo haremos en Chicago. El producto ya está aprobado en Cuba y se espera que en los próximos meses empiece a estar disponible allá. En Argentina saldrá al mercado en julio. Y ya está licenciado en 25 países de América, Asia y Europa. Para el resto del mundo, la licencia la tiene Chemo. En donde el proceso de aprobación se encuentra más próximo a comenzar es en Brasil, México, Indonesia, Uruguay y Turquía”, concluye Gold.
Un consorcio latinoamericano lanza el producto tras presentarlo en los congresos europeo y americano
El matrimonio aclara que la vacuna no es preventiva sino terapéutica. Solo se puede aplicar cuando se detecta el cáncer. “No todos los pacientes sobrellevan bien las sesiones de quimio y radioterapia. Esta nuevo medicamento produce una respuesta inmunológica que hace que el organismo del enfermo ataque el tumor sin graves efectos adversos. Además, es compatible con los tratamientos tradicionales”, indica Sigman. “Cuanto mejor haya respondido el paciente a la quimio y a la radioterapia mejor responderá a esta vacuna”, precisa un colaborador de Sigman.
“La vacuna consiste en una inyección intradérmica que se aplica en la piel, en la capa más superficial de la dermis”, subraya Sigman. Se administran cinco dosis cada 14 días. Después, una por mes hasta completar 15. Y luego se requiere un refuerzo trimestral. En Argentina el coste lo cubrirá el Estado o los seguros médicos. En otros países, el tratamiento saldrá por unos 20.000 o 30.000 dólares al año (de 15.000 a 23.000 euros). “Los nuevos productos de este tipo están al doble de este costo”, aclara Sigman.
El proyecto comenzó hace 18 años durante una reunión del matrimonio argentino con el director del Centro de Inmunología Molecular de La Habana, Agustín Lage. “Había antecedentes de un equipo que trabajó en Estados Unidos en un proyecto parecido, pero no prosperó. Nosotros comenzamos con muy poca consciencia del esfuerzo económico y los recursos humanos que íbamos a necesitar”, indica Sigman. “Hicimos un plan de trabajo de cinco años. Firmamos un convenio que tenía plazos y etapas y al cabo de ese tiempo el producto iba a estar registrado y lanzado. Al terminar ese periodo vimos que aquello no era viable. Pero teníamos algo. Y dijimos: ‘¿Seguimos o no seguimos?”, explica Silvia Gold.
El sistema actúa de una manera similar a una vacuna
“Era un sentimiento épico por ver si en países como los nuestros, donde no existe una tradición de descubrimiento de productos, éramos capaces de abordar esta aventura. Y por otra parte, queríamos probar un abordaje distinto al cáncer; porque como médicos veíamos que muchos pacientes no podían tratarse esta enfermedad a causa de los efectos secundarios de los tratamientos. Nuestro sueño era detener la enfermedad y que el paciente sufriera lo menos posible”, comenta Sigman.
Hace 18 años el tratamiento inmunológico contra el cáncer era observado con cierto escepticismo por buena parte de la comunidad científica. Hoy en día, sin embargo, la inmunoterapia desempeña un papel importante en el tratamiento oncológico, según señala el director del Instituto de Salud de la London Metropolitan University, Christopher Branford-White, en unas declaraciones facilitadas por el laboratorio Chemo. “La principal ventaja de este tipo de estrategia es que hace blanco en antígenos tumorales específicos, lo cual implica menos toxicidad y menos efectos adversos en comparación con las terapias convencionales”, concluye Branford-White. Se tata, como otros "mabs" ya conocidos, de enseñar al sistema inmunitario a atacar a las células cancerosas. En concreto, se ha buscado un antígeno (un marcador) que está en la superficie de las células enfermas y solo en ellas. Con ello se produce una especie de vacuna: tras las inyecciones, los ganglios (sede del sistema inmunitario) fabrican los anticuerpos, que son específicos para ellos. Es, como se ve, un proceso similar al de las vacunas. Luego, esos anticuerpos, que circulan por la sangre, se encargarán de atacar las células cancerosas, ya que estas tienen el mismo marcador.
Este tipo de terapias -los mabs, anticuerpos monoclonales en inglés- son la última novedad en tratamientos personalizados oncológicos. Actúan sobre células específicas, y parten de células concretas, por lo que no atacan al resto del organismo. Es un abordaje novedoso del que ya hay algunos acasos muy exitosos (el trastuzumab para mama o el bevacizumab que se aprobó para el colorrectal y ahora se estudia en otros cánceres). Como todo tratamiento nuevo, se empieza aprobando para los casos más graves.
El sueño de “cronificar” esta enfermedad aún sigue en pie para Sigman y Gold. El objetivo en el futuro será extender el producto a otros tipos de cáncer.
ulas cancerosas, ya que estas tienen el mismo marcador.
Este tipo de terapias -los mabs, anticuerpos monoclonales en inglés- son la última novedad en tratamientos personalizados oncológicos. Actúan sobre células específicas, y parten de células concretas, por lo que no atacan al resto del organismo. Es un abordaje novedoso del que ya hay algunos acasos muy exitosos (el trastuzumab para mama o el bevacizumab que se aprobó para el colorrectal y ahora se estudia en otros cánceres). Como todo tratamiento nuevo, se empieza aprobando para los casos más graves.
El sueño de “cronificar” esta enfermedad aún sigue en pie para Sigman y Gold. El objetivo en el futuro será extender el producto a otros tipos de cáncer.

viernes, 24 de mayo de 2013

test de inteligencia

 
Preguntas:
~~~~~~~~~
1. ¿Cuánto duró la Guerra de los Cien Años?
2. ¿Qué país fabrica los sombreros de Panamá?
3. ¿De qué animal obtenemos la tripa de gato (catgut) usado en
cirugía ?
4. ¿En qué mes celebran los rusos la Revolución de Octubre?
5. ¿De qué están hechos los pinceles de pelo de camello?
6. ¿De qué animal procede el nombre de las Islas Canarias, que
están en el Atlántico?
7. ¿Cuál era el nombre del rey Jorge VI?
8. ¿De qué color es el ave llamada pinzón púrpura?
9. ¿De dónde provienen las grosellas chinas?
10. ¿Cuál fue la duración de la Guerra de los Treinta Años?
 
 
 
Puntuación y valoración personal
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
- Si acertó con las 10 respuestas, seguramente es colaborador del
Newsletter (no se merece menos).
- Si acertó entre 7 y 9, seguramente es propietario de alguna de
las Empresas de Internet que lograron sobrevivir...
Felicitaciones !!
- Entre 3 y 6 respuestas correctas, no diga más... Usted tenía un
start up, pero el mercado fue duro, la publicidad on line se
vino a pique...si, si... está bien, lo entendemos.
- Entre 1 y 2 respuestas correctas... en fin, qué opina de Homero
Simpson ? eh ?
- 0 Respuestas correctas... ejem, mejor lo dejamos ahí, quiere ?
(Las respuestas A CONTINUACION !!)
 
 
 
 
 
 
 
____________________________________
- Respuestas al Test de Inteligencia
____________________________________
Veamos:
1.- Guerra de los 100 Años:
Me imagino que lo sabía... duró 116 años (de 1337 a 1453)
 
2.- Sombreros Panamá: El más famoso recuerdo cuando visita...
Ecuador !!! (allí se hacen los sombreros panamá)
 
3.- Tripa de Gato para cirugía (catgut): Se obtiene de ovejas y caballos
como cualquiera lo sabe.
 
4.- Revolución de Octubre: Se celebra en Noviembre por supuesto !
El calendario ruso tenía una diferencia de 13 días en aquel
entonces y con el sistema occidental la fecha cae en Noviembre.
 
5.- Pinceles pelo de camello: Del pelo de las ardillas de los
pinares... o se cree que sobran los camellos ?
 
6.- Islas Canarias: A ver si mejoramos... el nombre deriva del
latín "Insularia Canaria" que significa -obvio- "Tierra de
los Perros" (canis =perros)
 
7.- Nombre de Jorge VI: Se llamaba Alberto !!, al asumir el trono
en 1936 adoptó el de Jorge VI para la coronación.
 
8.- Pinzón Púrpura: De su característico color carmín.
 
9.- Grosellas Chinas: Se cultivan exclusivamente en Nueva Zelanda.
 
10.- Guerra de los Treinta Años: 30 años, por supuesto (no le
dijimos que esto era súper fácil ?)

Test de inteligencia

http://www.areaciencias.com/Test-de-Inteligencia.htm

viernes, 10 de mayo de 2013

La NASA busca misión para dos telescopios espía regalados

La NASA se ha encontrado con un regalo inesperado, dos telescopios espía, y ahora está pensado qué destino científico darles y cuánto le costaría adaptarlos para su uso astronómico en el espacio. Los dos observatorios, valorados cada uno en casi 200 millones de euros, no han llegado a salir de la Tierra y son similares al histórico Hubble (un enorme artefacto de 13,2 metros de largo y 4,2 de diámetro), que se aproxima al final de su vida útil en órbita. Los telescopios eran de la muy secreta Oficina de Reconocimiento Orbital estadounidense (NRO, en sus siglas inglesas) y no se construyeron para mirar las estrellas, sino para ser apuntados hacia abajo, hacia la superficie terrestre y lograr imágenes de alta resolución. Ahora, una de las condiciones que la NRO ha puesto para su donación a la NASA es, precisamente, que sean apuntados en sentido opuesto, hacia el cielo. Además, antes de pasar a manos civiles, se han desmontado de los telescopios sus sistemas electrónicos y cámaras.
El regalo llegó a la agencia espacial hace unos meses y ahora se están estudiando las propuestas elaboradas por los expertos acerca de los potenciales usos científicos. Desde luego, ninguno de ellos será el sustituto del Hubble, papel que ha de desempeñar el telescopio espacial James Webb, que la NASA está construyendo con la Agencia Europea del Espacio (ESA) y que avanza hacia su lanzamiento, ahora previsto para después de 2018. Será este un observatorio infrarrojo de espejo de 6,5 metros de diámetro y una pantalla térmica de 22 por 12 metros, como una pista de tenis, concebido para explorar el universo más lejano. Su coste se ha disparado ya hasta los casi 7.000 millones de euros, lo que ha obligado a reducir el resto de programas científicos de la agencia espacial estadounidense. Así, acomodar ahora en su presupuesto un gasto imprevisto para aprovechar el regalo de la NRO obliga a hacer muchos números. Los dos observatorios espía no llevan cámaras ni instrumentos astronómicos.
Los observatorios fueron diseñados para vigilar la superficie terrestre
Las ideas propuestas por los científicos en unas jornadas de trabajo celebradas hace unas semanas en Huntsville (Alabama) abarcan un amplio abanico de posibilidades: desde colocar uno de estos telescopios en órbita de Marte hasta dedicar uno de ellos a la búsqueda de planetas extrasolares, estudiar la meteorología espacial y el sistema Sol/Tierra o configurarlo como otro Hubble, informa Space.com. La propuesta más trabajada hasta ahora parece ser la de utilizarlo para un proyecto de la NASA, un telescopio espacial infrarrojo de gran angular denominado WFIRST, que se lanzaría a mediados de la próxima década y que se dedicaría, entre otras cosas, a buscar las huellas de la energía oscura del universo. “Con el telescopio ya en la mano, la versión del WFIRST adaptada podría estar lista para el lanzamiento a finales de esta misma década, lo que supondría un reto potencial para la misión espacial europea Euclid, dedicada también a la materia oscura y planeada para 2019”, según informó Nature. Una primera decisión al respecto estaría al caer, según Space.com.
La adaptación sería ventajosa para el WFIRST, ya que contaba con un telescopio más pequeño (espejo de 1,3 metros de diámetro), pero también supondría el consiguiente aumento de coste, que podría pasar de 1.150 millones de euros a 1.340, ya que exigiría un cohete mayor para el lanzamiento y una cámara más grande, señala Nature. Pese a que la NRO mantiene en absoluto secreto el origen de estos dos artefactos espaciales que no llegaron a salir al espacio, parece que fueron construidos a mediados de los años noventa, pero una década más tarde seguían en tierra, eran ya obsoletos para las funciones de espionaje para la que habían sido diseñados y el programa se canceló en 2005. Los telescopios tienen espejo principal de 2,4 metros de diámetro, como el del Hubble, y están en perfecto estado, según los expertos que los han revisado. Pero no son ópticamente idénticos al famoso telescopio espacial, ya que están diseñados para cámaras de mucho mayor campo de visión. Eso sí, su óptica es más perfecta y obtendrían imágenes de mayor resolución
La cuestión ahora es qué cámaras e instrumentos se podrían instalar en ellos para su mejor uso astronómico. Y eso cuesta dinero. Además, necesitan toda la electrónica de funcionamiento y de control. También está en estudio dónde se colocarían en el espacio, pero, al parecer se descarta la órbita del Hubble, a unos 500 kilómetros de altura sobre la superficie terrestre. Esa posición en el espacio se eligió para poner el gran telescopio al alcance de los transbordadores de la NASA y sus astronautas, que no solo lo desplegaron en órbita, en 1990, sino que lo repararon y actualizaron varias veces en el espacio, con un coste enorme. Las opciones que se barajan ahora para los telescopios regalados son una órbita geoestacionaria (a 36.000 kilómetros de altura), donde un artefacto no esta al alcance de la reparación por parte de los astronautas, pero se deteriora mucho menos que a 500 kilómetros, o incluso un lugar mucho más lejano, denominado L 2, a un millón y medio de kilómetros de la Tierra, donde operan ya varios telescopios.
Uno de ellos podria adaptarse a una misión de estudio de la energía oscura

Los resultados de la investigación: ¿deben o no ser un bien público?

En investigación nadie parte de cero. Hasta los descubrimientos más o menos por azar parten del conocimiento anterior. Mientras mayor sea la base sobre la que trabaja un científico, más fructífero será su trabajo. Pero esta situación plantea un dilema: el de la propiedad intelectual de los hallazgos. Y, más aún, el de aquellos que se han financiado con fondos públicos. A ese caso se refiere la encuesta de Atomium Culture de esta semana —Los resultados de la investigación: ¿deben o no ser un bien público? -. Como en las semanas precedentes, los resultados, tanto los meramente numéricos como los comentarios, serán elaborados y presentados a la Comisión Europea por el consorcio Atomium —un grupo en el que participan empresas, universidades y medios de comunicación europeos, entre ellos EL PAÍS—, que los tendrá en cuenta para la elaboración de su estrategia Horizonte 2020.

La pregunta llega en un momento de intenso debate entre quienes defienden a capa y espada la privacidad de los resultados de cada grupo, y quienes piensan que, en aras de un bien común, deben habilitarse formas para compartir los hallazgos que no supongan un abuso del trabajo de grupos competidores pero, a la vez, que no desincentive a los más punteros. Esta cuestión se plantea aún con más intensidad cuando los fondos empleados en la investigación son públicos.
Además, también afecta a una de las bases del actual sistema de conocimiento: las publicaciones científicas. La llegada de competidoras que ofrecen sus contenidos en abierto (sin necesidad de suscribirse o comprar el artículo) sacude la actual situación de las consagradas.

El mando a distancia se llama cerebro

Los ingenieros que estudiaban el código de programación de Google Glass en abril descubrieron ejemplos ocultos de cómo los usuarios pueden relacionarse con los ordenadores portátiles sin tener que mediar palabra. Asentir con la cabeza puede encender o apagar las gafas. Un solo guiño sirve para indicar a las gafas que hagan una foto.
Pero es posible que en breve ni siquiera esos gestos sean necesarios. Quizá pronto podamos trabajar con teléfonos inteligentes y ordenadores utilizando la mente. En un par de años, podremos encender las luces de casa con solo pensar en ello, o enviar un correo electrónico desde nuestro móvil sin necesidad de sacarlo del bolsillo. En un futuro más lejano, un ayudante robot aparecerá a nuestro lado con un vaso de limonada simplemente porque sabe que tenemos sed.
Los investigadores del Emerging Technology Lab de Samsung están probando tabletas que pueden ser controladas por el cerebro utilizando una gorra que parece un casco de esquí e incorpora electrodos de control, según publicaba en abril The MIT Technology Review, la revista de ciencia y tecnología del Massachusetts Institute of Technology (MIT).
La tecnología, a menudo denominada interfaz cerebro-ordenador, fue concebida para permitir a la gente con parálisis y otras discapacidades trabajar con los ordenadores o controlar brazos robóticos con solo pensar en esas acciones. En breve, dichas tecnologías podrían aplicarse también al consumo.
Los fabricantes de coches estudian tecnologías que que agitan el volante si detectan que el conductor se duerme
Ya existen algunos productos rudimentarios que leen la mente y permiten jugar a juegos sencillos o mover un ratón por una pantalla.
NeuroSky, una empresa con sede en San José, California, lanzó recientemente unos auriculares con conexión bluetooth que pueden controlar cambios ligeros en las ondas cerebrales y permitir la participación en juegos de concentración con ordenadores y teléfonos inteligentes, como un juego que consiste en perseguir zombis, otro de tiro con arco y uno en el que se esquivan balas. Todas esas aplicaciones utilizan el cerebro como joystick.
Otra empresa, Emotiv, vende unos auriculares capaces de leer las ondas cerebrales asociadas a los pensamientos, los sentimientos y las expresiones. El dispositivo puede utilizarse con juegos parecidos al Tetris o para buscar fotos en Flickr pensando en la emoción que siente la persona —por ejemplo, felicidad o entusiasmo— en lugar de buscar palabras clave. Muse, una diadema ligera e inalámbrica, puede conectar con una aplicación que “ejercita el cerebro” obligando a concentrarse en ciertos aspectos de una pantalla, casi como si llevara nuestro cerebro al gimnasio.
Los fabricantes de coches están estudiando tecnologías que detectan si el conductor se duerme y agitan el volante para despertarle.
“Las tecnologías cerebrales de la actualidad son como intentar escuchar una conversación en un estadio de fútbol desde un dirigible”, explica John Donoghue, neurocientífico y director del Brown Institute for Brain Science en Providence, Rhode Island. “Para poder comprender lo que sucede en el cerebro a día de hoy es necesario implantar quirúrgicamente una serie de sensores”, precisa. En otras palabras, para acceder al cerebro, seguimos necesitando de momento un chip en la cabeza.
El año pasado, un proyecto llamado BrainGate iniciado por Donoghue permitió a dos personas con parálisis total utilizar un brazo robótico con un ordenador que responde a la actividad cerebral. Una mujer que no había utilizado las extremidades en 15 años pudo servirse una bebida imaginando los movimientos del brazo robótico.
Pero ese chip dentro de la cabeza puede dejar de ser necesario dentro de poco. Este año, una iniciativa de la Administración de Barack Obama denominada Brain Activity Map pretende confeccionar un mapa exhaustivo del cerebro. Miyoung Chun, bióloga molecular y vicepresidenta de programas científicos en la Kavli Foundation, trabaja en el proyecto. Cree que las empresas podrán fabricar nuevos tipos de interfaces cerebro-ordenador en cuestión de dos años. “El Brain Activity Map ofrecerá a las empresas de hardware muchas herramientas nuevas que transformarán el uso de los teléfonos inteligentes y las tabletas”, asegura Chun. “Lo revolucionará todo, desde los implantes robóticos y las neuroprótesis hasta los mandos a distancia, que podrían ser historia muy pronto, cuando podamos cambiar el canal de televisión solo con pensarlo”.
Pero hay que vencer algunos temores. En la web de Muse, un pasaje está dedicado a convencer a los clientes de que el dispositivo no puede extraer pensamientos de la mente. “El hecho de que yo esté pensando en un filete al punto en un restaurante no significa que quiera eso para cenar”, ilustra Donoghue.

Una infección bacteriana impide que los mosquitos contagien la malaria

Unos mosquitos modificados han adquirido la capacidad de neutralizar el plamodio que causa la malaria y, lo que es más importante, son capaces de transmitir esa propiedad a sus descendientes. Es el último intento de controlar una de las enfermedades que más castigan a muchos de los países más pobres (660.000 muertos y unos 220 millones de casos en el mundo en 2010, según los datos de la Organización Mundial de la Salud). Y el ensayo, publicado en Science, no puede llegar en mejor momento: la lucha contra la malaria está en una encrucijada. La búsqueda de una vacuna se alarga y el plasmodio que la causa está adquiriendo resistencias a los medicamentos.
Zhiyong Xi, de la Universidad de Michigan, ha inoculado una bacteria Wolbachia, que actúa contra el plasmodio, a los mosquitos (en este caso, Anopheles stephensi, responsable de la mayor parte de los casos de la enfermedad en el sureste asiático). Pero, sobre todo, -y este es el avance-, han conseguido que la bacteria siga presente durante al menos ocho generaciones. Esto es fundamental ya que, si no, habría que estar liberando mosquitos modificados continuamente, mientras que así esta resistencia al plasmodio se reproduce sola.
El artículo que publica Science va en la línea del cambio de método que ha impulsado la comunidad científica en el tratamiento de la malaria. “Antes, los esfuerzos se centraban en matar al mosquito. Ahora sabemos que es más efectivo manipularlo para que no pueda transmitir el parásito que causa la enfermedad”, afirma Dyanne Wirth, directora del Instituto de Malaria de la Universidad de Harvard (Estados Unidos), que está en Barcelona en unas jornadas sobre la enfermedad. Wirth defiende que se necesitan “nuevas ideas” porque, casi 60 años después de la primera campaña de erradicación mundial de la enfermedad, “ya habríamos acabado con ella si las viejas ideas funcionaran”. Como en todas las enfermedades, la erradicación es el objetivo, pero no es fácil. “No estamos cerca de la erradicación”, reconoce Marcel Tanner, director del Instituto Suizo de Salud Pública y Tropical. Sin embargo, la erradicación está ahora en el centro del trabajo de expertos y gobiernos. La malaria sigue siendo endémica en 99 países donde vive aproximadamente la mitad de la población mundial, pero en los últimos 10 años se ha producido un “descenso dramático” en el número de casos, relata Wirth. Eso, y el impulso realizado desde la fundación filantrópica dirigida por Bill y Melinda Gates, ha llevado a los científicos a adoptar la erradicación como el principal objetivo de su trabajo. “Hasta el año 2007, la erradicación era una utopía, una palabra proscrita”, reconoce Quique Bassat, investigador del CRESIB, el centro de investigación del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal). Fueron los Gates, argumentan los tres expertos consultados, los que propiciaron el cambio de paradigma al declarar en noviembre de ese año que no era aceptable nada que no fuera erradicar la malaria en todo el mundo.
Hasta ese momento, los gobiernos y los científicos habían centrado sus esfuerzos en el “control” de la enfermedad, es decir, en reducir la morbilidad y la mortalidad relacionadas con la malaria. Poner el foco en la erradicación –la interrupción de la transmisión de la enfermedad en todos los países del mundo- supone un cambio de paradigma. Ya no vale con tratar a las personas que han desarrollado síntomas, sino que es importante detectar y controlar a todos los infectados, e incluso tratar a la población general con fármacos para eliminar a los portadores del parásito. Además, el esfuerzo de la erradicación debe implicar a todos los países, incluso los que tienen solo un puñado de casos al año. “En los años 60, Sri Lanka detectaba un centenar de casos, lo que les llevo a relajarse”, dice Bassat. “Pero eso les llevó luego a sufrir una epidemia”. Por último, la erradicación implica prestar más atención a un tipo de malaria considerado menos grave, la provocada por el Plasmodium vivax, que causa entre 70 y 80 millones de casos al año pero no suele ser letal.
En todo caso, no se trata de elegir entre la erradicación y el control, ya que ambas estrategias son necesarias dada la variabilidad geográfica de la malaria: países que la han eliminado por completo conviven con otros que muestran tasas de transmisión muy elevadas. Igual que tampoco se trata de elegir una de las herramientas existentes, sino de utilizarlas todas: la distribución de mosquiteras impregnadas con insecticida, la detección precoz, el tratamiento y la vacuna.
El entusiasmo que rodeó las investigaciones sobre la vacuna “se ha desinflado”, reconoce Bassat, que forma parte del equipo dirigido por el investigador Pedro Alonso. Los últimos resultados científicos, que redujeron a un 30% la efectividad de la vacuna en recién nacidos y bebés, fue un golpe. Es en el primer año de vida cuando los niños africanos entran en contacto con el sistema sanitario, por eso es importante que la vacuna sea efectiva en esas edades. Bassat cree que lo importante es tener claro que la vacuna “no va a reemplazar” al resto de herramientas, sino que viene a sumar esfuerzos. “Si podemos disminuir en un tercio los casos graves, es un gran avance”, afirma. Para Tanner, la primera generación de vacunas podrá ser efectiva en “escenarios con tasas de transmisión bajas”. A partir de ahí, “al igual que históricamente ha sucedido con otras vacunas”