viernes, 22 de febrero de 2013

Noticias Ciencia SE BASAN EN MUESTRAS DE ADN El Yeti podría ser real, un cruce de un homínido y una homo-sapiens hace 15.000 años

La investigadora Melba Ketchum, que el año pasado aseguraba tener pruebas científicas de la existencia de Yeti, ha publicado sus resultados que determinan que esta criatura es un cruce entre un homínido y una homo-sapiens que se habría producido hace 15.000 años.

 

El trabajo ha sido publicado en la revista estadounidense 'DeNovo' que, según otros medios del país, ha sido comprada por la propia investigadora para sacar a la luz su trabajo. En dicha revista aseguran que los datos de Ketchum se basan en muestras de ADN, pero para conocer el estudio en profundidad los usuarios deben pagar 30 dólares, que es lo que cuesta la publicación.
Entre las informaciones que han trascendido, destaca que Ketchum está apoyada por científicos, expertos forenses, que han vagado por América del Norte recogiendo muestras para probar sus hallazgos. Además, apuntan a que las secuencias de ADN recogidas de estas especies están estrechamente relacionada con la de los seres humanos.
En mayo de 2012 un equipo de la Universidad de Oxford y de la Universidad de Lausana también anunciaron el inicio de un estudio que incluía pruebas genéticas para probar la existencia del Yeti. Para lograrlo, los expertos recogieron restos orgánicos que podrían pertenecer a la criatura, en lugares en los que algunos excursionistas han asegurado haberlo visto.
Según ha indicado uno de los autores, Bryan Sykes, la idea de este trabajo surgió a raíz de "los numerosos informes engañosos y excéntricos que existían" acerca del fenómeno del Yeti. "Decidimos dar al caso un enfoque sistemático y utilizar los últimos avances en las pruebas genéticas", ha indicado.
Los resultados de este trabajo, que aún no ha terminado, podrían ser la confirmación a las teorías ahora publicadas por Ketchum.
Desde que en 1951 una expedición al Everest regresó con fotografías de huellas gigantes en la nieve, se ha especulado acerca de las criaturas gigantes del Himalaya, desconocidas para la ciencia. Desde entonces ha habido informes de testigos presenciales que dicen haberlo visto en el Himalaya, en Estados Unidos (en donde le conocen como 'Bigfoot' o 'Sasquatch'), en las montañas del Cáucaso (en donde le llaman 'Almasty') y en Sumatra ('Orang pendek').

Eddie, la nutria que juega al baloncesto para combatir la artritis

Igual que los humanos, con la edad las articulaciones de los animales se van debilitando y una de las recomendaciones para combatirlo es hacer ejercicio. Este es el caso de Eddie, una nutria del zoo de Oregón, en Estados Unidos. Padece artritis y  para hacerle frente, sus cuidadores le han recomendado ¡jugar al baloncesto!.
Con una pelota naranja y una pequeña canasta, el animal hace fuerza con sus patas traseras hasta levantarse lo suficiente para encestar.
Su destreza ha sorprendido a todos y se ha convertido en la estrella del zoológico. Ya tiene 15 años, las nutrias suelen vivir hasta los 20, pero muestra más agilidad que sus compañeras más jóvenes.

viernes, 15 de febrero de 2013

La NASA anima un proyecto valenciano de medición del carbono terrestre

El equipo dirigido por el físico José Moreno, investigador principal de la misión Flex en el programa científico Earth Explorer de la Agencia Espacial Europea (ESA), ha creado un prototipo capaz de medir desde el espacio, a escala global, la capacidad de asimilar el carbono de grandes extensiones vegetales, a partir de la luz que pueden absorber las plantas. Los datos que puede aportar este proyecto, en el que se mide la fluorescencia emitida por la vegetación en cuadrantes de 300 metros, son relevantes en el marco del debate sobre el cambio climático, entre las teorías más catastrofistas y las que defienden la capacidad de adaptación de las plantas a las modificaciones producidas introducidas por las emisiones de CO2 en el clima del planeta.
Se trata del proyecto Flex (Fluorescence Explorer), enmarcado en el programa europeo Copernicus de Observación de la Tierra, que ya ha realizado mediciones desde avión en zonas experimentales de Finlandia, Alemania y otros países europeos. Sin embargo, para desarrollar todo su potencial, Flex debería hacer las mediciones desde satélite en una misión científica espacial.
Esta misión espacial se encuentra amenazada por recortes presupuestarios que afectan a la construcción del satélite. Justamente poco después de que la revista Science alertara sobre estos riesgos, la NASA se ha interesado por el proyecto, de manera que la Universitat de València participará el próximo verano en un experimento de la agencia espacial americana destinado a probar las nuevas tecnologías diseñadas en el marco del programa europeo de Observación de la Tierra.
También la agencia espacial de la India ha mostrado su interés por Flex, según informa José Moreno, miembro del Laboratorio de Procesado de Imágenes (IPL), ubicado en el Parc Científic de la Universitat de València. Una de las alternativas a las actuales dificultades presupuestarias europeas podría ser que la Agencia Espacial Europea construyera el instrumento y que luego vuele en una misión americana o india.
Science explicaba que la mayor parte del presupuesto de la Agencia Espacial Europea se destina a las misiones meteorológicas operativas, como METEOSAT, pero también al desarrollo de misiones científicas que, como Flex, proporcionan nuevos datos sobre la superficie terrestre, la atmósfera y los océanos, Earth Explorers. Estas últimas misiones se encuentran comprometidas por la incertidumbre presupuestaria europea.
Midiendo la fluorescencia de la vegetación desde el espacio se iría mucho más allá de la mayoría de los cálculos que se hacen actualmente calculando el “potencial” de actividad fotosintética que tienen los bosques, en lugar de la actividad “real” que será capaz de medir el satélite que todavía no existe mediante el prototipo diseñado por el equipo que lidera la Universitat de València. Además, como subraya el investigador principal de Flex, esta técnica “no es invasiva”. Es además la primera vez que “se propone un experimento tan complejo” para medir una “señal muy débil”, que es la emitida por las plantas terrestres y que debe captar el instrumento creado por los científicos europeos.


Los chavales creen que los niños son más tontos y traviesos que las niñas

Los niños (en genérico) tienden a adaptarse a lo que oyen. Y, en concreto, los chicos (varones) tienen asumido lo que se dice de ellos: que son más torpes que las niñas. Una serie de ensayos realizados en Reino Unido, y publicados en la revista Child development, pone de manifiesto que el mensaje cala en los críos desde pequeños, y que condiciona sus resultados escolares.
En uno de los trabajos realizados por Bonny Hartley, de la Universidad de Kent, los investigadores preguntaron a 238 niños y niñas de entre 4 y 10 años quién creía que era el protagonista de una historia. Para ello, usaban una formulación neutra, the child, que sirve tanto para críos como para crías. Las historias eran del tipo “the child quiere aprovechar las clases” o “the child no saca buenas notas”, y luego se les pedía que identificaran si las protagonizaba un niño o una niña. El resultado era que lo masculino se asociaba a lo negativo, y lo femenino a lo positivo.
Para saber por qué sucedía esto se hicieron dos otros dos experimentos. En uno, con 162 niños y niñas, se los dividió en dos grupos y se les pusieron unas pruebas. A uno de ellos se les dijo que los chicos lo iban a hacer peor que las chicas. Y lo hicieron no solo peor que sus compañeras, sino peor que los chicos del otro grupo, a los que no se les había dicho nada. De alguna manera, su rendimiento mostraba que habían interiorizado el mensaje.
Los varones asumen desde pequeños que su comportamiento es peor
En el tercero de los ensayos se cogió otro grupo de 184 niños y niñas, se los dividió en dos y a unos se les dijo que se esperaba que el resultado fuera igual para ambos sexos. No fue exactamente así, pero los chicos mejoraron respecto al grupo de control.
La conclusión apunta a que los pequeños, de alguna manera, adaptan su comportamiento a lo que se espera de ellos. Y confirma otros estudios que indican que esta es la causa, por ejemplo, de que los niños se orienten más hacia carreras de ciencias y las niñas a las de letras.
También ofrece enseñanzas para el debate de la educación segregada. “En muchos países, los niños van por detrás de las niñas en el colegio”, ha dicho Hartley. “Estos estudios sugieren que los estereotipos académicos negativos referentes a los niños se adquieren en los primeros años de la educación infantil y tienen como consecuencia su autocumplimiento. También sugieren que es posible mejorar el rendimiento de los varones y así cerrar la grieta entre sexos mediante mensajes igualitarios y superando la idea de hacer clases diferenciadas”.


Las enfermedades de transmisión sexual son una epidemia en EE UU

En Estados Unidos, más de 110 millones de personas padecen una enfermedad de trasmisión sexual y cada año se dan 20 millones de nuevos casos, la mitad de ellos se diagnostican en  jóvenes de 15 a 24 años, según concluyen dos estudios elaborados por el Centro de Prevención y Control de Enfermedades (CDC) y publicados en la revista Sexually Treatment Diseases. En el año 2000, el número de nuevas infecciones anuales era de 18,8 millones.
“Las ETS son una epidemia en curso y grave en EE UU”, ha asegurado Catherine Satterwhite, jefa del equipo de epidemiología del organismo sanitario. “Todas se pueden prevenir, son tratables, y muchas de ellas se pueden curar. Pero si no se detectan a tiempo o se prevén, pueden causar problemas graves, incluso la muerte”, ha agregado la experta. "De los más de 100 millones de personas con alguna ETS en EE UU,  los jóvenes representan el 20%", ha señalado Satterwhite.
Las enfermedades a estudio han sido el virus del papiloma humano (VPH), la hepatitis B, el VIH, la clamidia, la gonorrea, la sífilis, los herpes y la tricomoniasis. Según los resultados, el VPH es la ETS más común en EE UU, representa el 72% de las nuevas infecciones anuales (14 millones). En total, más de 79 millones de personas padecen este virus en el país.
Existen unas 200 variantes de este virus, 30 de ellas se transmiten sexualmente, y afecta directamente a la zona genital. Existe una vacuna para combatir los tipos más comunes de VPH que está recomendada para niños y niñas de entre 11 y 12 años. “Aunque el 90% de las infecciones por VPH desaparecen tras dos años sin causar daños graves, un pequeño porcentaje de casos puede derivar en patologías más importantes como el cáncer de cérvix uterino”, según explica el CDC.

El coste de las ETS en EE UU

A pesar de que las infecciones por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) son mucho menores en EE UU, unas 41.000 por año, el tratamiento de por vida de esta infección resulta muy costoso  para el sistema sanitario estadounidense, con un valor estimado de unos 300.000 dólares por persona. Unas 18.000 personas mueren al año de sida en EE UU.
El tratamiento de la clamidia, por ejemplo, le cuesta. al Gobierno de EE UU unos 742 millones de dólares al año. La clamidia se conoce como una enfermedad "silenciosa" porque la mayoría de las personas infectadas no tiene síntomas, aunque puede llegar a dañar los órganos genitales de la mujer.
En total, el coste de las ETS en el país es de 15.600 millones de dólares anuales. “Y en este dato no se incluyen ni la pérdida de productividad ni el precio de paliar síntomas como el dolor o el picor que sufren las personas con este tipo de infecciones. Por lo que seguramente esta cifra sea mayor”, han explicado desde el CDC.

El mejor método para reducir las ETS es el condón.

En 2012, una de cada nueve mujeres estadounidenses tomaron la píldora del día después por lo menos en una ocasión; un 4% más que el año anterior. Este incremento se debe principalmente a que cada vez es más fácil conseguirla. Todas las mujeres mayores de 17 años pueden adquirirla sin receta en cualquier farmacia del país.
Esta píldora provoca la ovulación impidiendo que haya embarazo, pero "no previene las ETS", han reiterado desde el CDC. Su uso está relacionado con la práctica de sexo no seguro y con la preocupación de que otros métodos anticonceptivos estén en mal estado, como puede ser la rotura de un condón.
El 99% de las mujeres sexualmente activas en EE UU usa algún método anticonceptivo: Un 82% toma la píldora y un 93% usa condón. "El uso del preservativo debería ser del 100%", dice la experta. "Lo que no se entiende es que existan máquinas expendedoras de la píldora del día después en Estados como Pensilvania, pero que todavía hoy, en algunas regiones del país, el acceso a los condones sea difícil, incluso imposible. Es inaceptable", han concluido desde el organismo sanitario.

viernes, 8 de febrero de 2013

La electricidad 'tunea' las pompas de jabón.

Al aplicar un campo eléctrico a una película de jabón se facilita el paso de un fluido a través de la película, cuyo grosor aumenta. Este fenómeno, que se basa en la electroósmosis, puede servir para graduar microsistemas de fluidos, explican investigadores de la Universidad de Lyon (Francia), que han realizado los experimentos.
Ya se sabía que un campo eléctrico induce el paso de un fluido por un estrecho conducto al atraer los iones del líquido. Lo que se publica ahora en Physical Review Letters es que también puede hacer que un fluido atraviese una pompa de jabón en forma de cilindro, que es básicamente un canal estrecho con paredes deformables.
Los investigadores también hallaron que el grosor de la película aumenta con la fuerza del campo eléctrico, lo que serviría para controlar el flujo de pequeñísimos volúmenes de fluidos en futuros laboratorios formados por un solo chip.
Lo que se atisba en este campo de la micro y nanotecnología aplicadas a los fluidos es reemplazar un laboratorio entero, con sus probetas y demás, por un chip que manipule gotas de fluido.
La electroósmosis se basa en que los iones positivos o negativos de un fluido se agrupan en las paredes del conducto si están cargadas eléctricamente. Al ser atraídos por un campo eléctrico se llevan consigo el fluido, y el fenómeno es el más importante cuando se trabaja en la escala micro o nanométrica, en las que la razón entre la superficie y el volumen es más alta que en otras escalas.
Sin embargo, los experimentos anteriores no habían apenas estudiado que pasa cuando las paredes del conducto son flexibles, como sucede en las películas que forman las pompas de jabón. Estas películas están formadas por dos capas de moléculas surfactantes (como el jabón) con una capa de agua en medio.
Con los resultados de sus experimentos, Anne-Laure Biance y sus colegas, creen que se podrá desarrollar un dispositivo similar a los componentes electrónicos que no permiten el paso de los electrones hasta que se alcanza un determinado voltaje entre sus extremos, pero en este caso serían fluidos los que se moverían.
El experto estadounidense Derek Stein cree que las películas de jabón pueden ayudar a los investigadores a conocer mejor los movimientos en el interfaz fluido-pared. “Simplemente, con cambiar el jabón que se utiliza para formar la pompa, debería ser posible también tunear la densidad de cargas en la superficie, la tensión superficial u otros importantes parámetros físicos”, ha declarado a la revista Focus.

Un cuerpo de repuesto.

El robot Rex, presentado por el Museo de la Ciencia de Londres como “el primer hombre biónico”, tiene todavía un largo camino por delante para alcanzar a sus homólogos de la ficción científica, pero puede constituir un vistoso escaparate para examinar el estado de la cuestión. Está dotado de una cara con boca, nariz y ojos, y también tiene piernas y algunos órganos internos, como un corazón que bombea sangre artificial; su páncreas y sus dos pulmones son aún poco más que una maqueta, y su fisiología es tan solo una caricatura de la humana, pero Rex, con su chocante aspecto y sus limitaciones, pretende abrir un debate público sobre una tecnología llamada a ayudar a muchas personas en el futuro.
La cibernética ya puede exhibir algunos resultados, por modestos que sean. Las interfaces entre el cerebro humano y las máquinas son ya una realidad en las rutas de entrada a las áreas visuales del cerebro y también a las áreas auditivas, con los implantes cocleares que ya han ayudado a miles de sordos en el mundo.
También hay notables avances en la implantación de electrodos en la corteza cerebral motora, la que normalmente dirige el movimiento de los brazos, las piernas y el resto del cuerpo; al posibilitar que se muevan objetos con la mente, esta tecnología promete devolver algo de la movilidad perdida a los tetrapléjicos y a las personas paralizadas por enfermedades y accidentes. Todos estos sistemas requieren una ciencia de la computación de vanguardia para permitir a los artilugios mecánicos interpretar
El robot Rex, presentado por el Museo de la Ciencia de Londres como “el primer hombre biónico”, tiene todavía un largo camino por delante para alcanzar a sus homólogos de la ficción científica, pero puede constituir un vistoso escaparate para examinar el estado de la cuestión. Está dotado de una cara con boca, nariz y ojos, y también tiene piernas y algunos órganos internos, como un corazón que bombea sangre artificial; su páncreas y sus dos pulmones son aún poco más que una maqueta, y su fisiología es tan solo una caricatura de la humana, pero Rex, con su chocante aspecto y sus limitaciones, pretende abrir un debate público sobre una tecnología llamada a ayudar a muchas personas en el futuro.
La cibernética ya puede exhibir algunos resultados, por modestos que sean. Las interfaces entre el cerebro humano y las máquinas son ya una realidad en las rutas de entrada a las áreas visuales del cerebro y también a las áreas auditivas, con los implantes cocleares que ya han ayudado a miles de sordos en el mundo.
También hay notables avances en la implantación de electrodos en la corteza cerebral motora, la que normalmente dirige el movimiento de los brazos, las piernas y el resto del cuerpo; al posibilitar que se muevan objetos con la mente, esta tecnología promete devolver algo de la movilidad perdida a los tetrapléjicos y a las personas paralizadas por enfermedades y accidentes. Todos estos sistemas requieren una ciencia de la computación de vanguardia para permitir a los artilugios mecánicos interpretar unas señales nerviosas necesariamente imprecisas, o unos estímulos del mundo exterior siempre confusos. Los científicos tienen que aprender cómo funciona el cerebro para emular sus funciones naturales.
Aunque el objetivo primordial de la cibernética es ayudar a las personas con discapacidades, las mismas técnicas servirán también para pasarse de la raya, mejorando las cualidades humanas normales, y este asunto provocará grandes controversias éticas. Contar con piezas de repuesto para un cuerpo castigado es algo que nos puede interesar a todos. Aunque solo sea por ese debate, bienvenido seas, Rex.
unas señales nerviosas necesariamente imprecisas, o unos estímulos del mundo exterior siempre confusos. Los científicos tienen que aprender cómo funciona el cerebro para emular sus funciones naturales.
Aunque el objetivo primordial de la cibernética es ayudar a las personas con discapacidades, las mismas técnicas servirán también para pasarse de la raya, mejorando las cualidades humanas normales, y este asunto provocará grandes controversias éticas. Contar con piezas de repuesto para un cuerpo castigado es algo que nos puede interesar a todos. Aunque solo sea por ese debate, bienvenido seas, Rex.

El mamífero que ocupó el vacío que dejaron los dinosaurios.

Con la desaparición de los dinosaurios, hace unos 65 millones de años, quedó mucho espacio vital disponible en el planeta. Y los mamíferos lo aprovecharon. Ahora la diversidad entre ellos es enorme y abarca desde los ratones a las ballenas, los humanos o los murciélagos, todos ellos mamíferos placentarios. Un equipo científico internacional ha seguido el rastro de numerosas especies, su anatomía y sus genes, hasta lograr reconstruir el gran árbol de familia de estos mamíferos (excluyendo a los marsupiales y los que ponen huevos). Sugieren incluso cómo sería el ancestro común: un animal peludo, que pesaría un cuarto de kilo como mucho, comería insectos y estaría poco especializado. No es que hayan encontrado sus restos fósiles, sino que han obtenido su reconstrucción teórica cruzando características de especies actuales y extintas, y combinando los datos con análisis de ADN.
No estaba claro hasta ahora cuándo arrancaron evolutivamente estos animales, explican los investigadores en la revista Science. Pero las diferentes hipótesis venían a situar el inicio de la diversificación de los mamíferos placentarios en torno al momento crítico para la vida en la Tierra, que fue la gran extinción de hace unos 65 millones de años, cuando desapareció el 70% de las especies, incluidos los dinosaurios no avianos. Para unos, con la evidencia de los restos fósiles, estos mamíferos surgirían después del fin de los dinosaurios, ocupando los nichos ecológicos vacantes. Para otros, basándose en datos genéticos, habría ya al menos 29 linajes de mamíferos hace unos 100 millones de años, por lo que existirían en el planeta aún dominado por los dinosaurios y habrían sobrevivido a la gran extinción. Una tercera hipótesis se remonta más aún y asocia la aparición de estos mamíferos con la fragmentación del supercontinente Gondwana.
Esta rama evolutiva arrancó poco después de la gran extinción
“Actualmente, hay más de 5.100 especies de mamíferos placentarios y muestran una enorme diversidad, variando mucho en tamaño, locomoción y volumen cerebral”, explica Nancy Simmons, del Museo Americano de Historia Natural, una de las científicas del equipo. “Dada esa diversidad, es muy interesante saber cuándo y cómo empieza a evolucionar y a diversificarse esta rama del árbol de los seres vivos”. En este gran estudio de la Fundación Americana para la Ciencia (NSF), que ha durado seis años, han participado 23 científicos de varios países. La conclusión es que “especies como los roedores y los primates no compartieron la tierra con los dinosaurios no avianos sino que emergieron a partir de un ancestro común poco después de la desaparición de aquellos”, añade Maureen O’Leary, de la Universidad de Stony Brook, y líder del equipo.
Según estos investigadores, los mamíferos no perdieron el tiempo evolutivamente y empezaron a diversificarse enseguida, en términos geológicos: apenas unos 200.000 o 400.000 años después de la gran extinción.
Descubrir el árbol de la vida es como reconstruir la escena del crimen
El trabajo de combinación de datos anatómicos y genéticos no es una novedad, pero esta vez se ha hecho a gran escala, con 46 especies actuales y 40 extintas. Los científicos se han basado en 4.500 características, como la presencia o no de alas, dientes, huesos, estructura del cerebro o tipo de pelo, y han determinado qué rasgos aparecieron antes en la evolución y cuáles se han conservado. Así, el ancestro común de los mamíferos placentarios tendría útero bicorne, corteza cerebral y una placenta en la que la sangre de la madre está en contacto con las membranas que rodean al feto, como los humanos.
“Descubrir el árbol de la vida es como reconstruir la escena de un crimen. Es una historia que sucedió en el pasado y que no puedes repetir”, dice O’Leary. “Igual que en la escena del crimen, las nuevas herramientas de ADN añaden importante información, pero también lo hacen otras pistas físicas, como un cuerpo o, en el ámbito científico, fósiles y anatomía. La combinación de todas las evidencias genera la reconstrucción más correcta de un acontecimiento del pasado”.

viernes, 1 de febrero de 2013

Arqueólogos españoles hallan en Egipto un ataúd infantil de la época más desconocida Féretro del niño de cinco años de la dinastía XVII encontrado en Luxor. | CSIC

Arqueólogos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han descubierto en Luxor, Egipto, el sarcófago intacto de un niño que vivió durante la época de la dinastía XVII, alrededor del año 1550 antes de nuestra era. Las radiografías realizadas apuntan a que el niño podría haber fallecido a la edad de 5 años. El hallazgo se engloba dentro de la XII campaña del Proyecto Djehuty, coordinado por el investigador del CSIC en el Instituto de Filología José Manuel Galán y financiado por Unión Fenosa Gas.
El ataúd en su localización original. | CSICEl ataúd en su localización original. | CSIC
El ataúd, elaborado en madera, mide 90 centímetros de largo y carece de decoración pintada o escrita. El estilo de la talla y la fina capa de pintura blanca que lo recubre son similares a las ocho figuras de madera, 'shabtis', que han sido encontradas en las inmediaciones de la sepultura. El sarcófago ha sido localizado en el transcurso de las excavaciones que el equipo liderado por Galán realiza en la necrópolis de Dra Abu el‐Naga, en la orilla occidental de Luxor, antigua Tebas.
"Este descubrimiento es de especial importancia ya que se trata de un ataúd intacto y, junto los objetos que lo acompañan, puede aportar gran cantidad de información sobre una época de la historia del antiguo Egipto sobre la que se sabe muy poco", explica desde la zona de excavaciones el investigador del CSIC.

La identidad del niño es aún desconocida

Tanto los shabtis como unas piezas de lino desenterradas junto a ellos contienen el nombre de Ahmose o Ahmose‐sa‐pa‐ir, un príncipe heredero que vivió en transición de la dinastía XVII a la XVIII y que murió siendo niño. Por razones que se desconocen, Ahmose fue venerado como un santo de la necrópolis, recibió culto durante 500 años y fue incluido dentro de las listas de reyes que se confeccionaron muchos años después.
"Por los objetos encontrados creemos que este lugar de enterramiento podía estar reservado a miembros de la realeza, sin embargo aún desconocemos la identidad de la momia encontrada, ya que el sarcófago no contiene ninguna inscripción", añade galán.
Según los investigadores, la ubicación de esta tumba en esta zona de Dra Abu el-Naga podría explicar el hallazgo de un enorme depósito de más de 2.000 vasijas de cerámica halladas entre las capillas de adobe, así como el porqué de la ubicación del monumento funerario de Djehuty en este extremo de la necrópolis.
El proyecto toma su nombre de Djehuty, supervisor del Tesoro y de los trabajos artesanos de la reina Hatshepsut, una de las pocas mujeres faraón del antiguo Egipto y cuyo reinado se extendió durante 22 años en la dinastía XVIII, en torno al año 1470 antes de nuestra era. Además de la excavación y restauración del monumento funerario de este escriba real, los trabajos arqueológicos se centran también en la tumba de Hery, fechada por los expertos alrededor de 50 años antes que la de Djehuty.
Las 12 campañas de excavaciones llevadas a cabo hasta el momento por Galán y su equipo han dado numerosos frutos, como la denominada Tabla del aprendiz, el ataúd del guerrero Iquer o la cámara sepulcral del propio Djehuty, decorada por completo con dibujos y jeroglíficos del Libro de los Muertos, entre muchos otros.

El sondeo Califa desvela la evolución de galaxias en el tiempo y el espacio

Averiguar cómo crecen las galaxias, convirtiendo el gas en sucesivas generaciones de estrellas, constituye un problema complejo. Se debe disponer de información física detallada de una población numerosa de galaxias y de bases de datos que permitan 'rebobinar' y extraer la historia de formación de estrellas de cada una de ellas.
Ahora, la primera parte ha sido posible gracias al sondeo Califa (Calar Alto Legacy Integral Field Area), con el que se ha comprobado que las galaxias masivas, además de crecer más rápido que las menores, lo hacen de dentro afuera, es decir, desarrollando sus regiones centrales primero.
CALIFA es un proyecto que se halla en plena ejecución en el Observatorio de Calar Alto, operado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) y el Instituto Max Planck de Astronomía (MPIA-MPG, Heidelberg Alemania).
Los sondeos de galaxias recurrían, tradicionalmente, bien a la toma de imágenes, que aporta información detallada sobre la estructura galáctica, o bien a la espectroscopía, que revela las propiedades físicas de las galaxias (composición, temperatura, edad...) pero sin acotar esos rasgos a regiones específicas.
"El sondeo más empleado hasta la fecha, el SDSS, nos proveía de un espectro por galaxia, lo que produce un sesgo observacional", asegura Enrique Pérez, investigador del IAA que encabeza la investigación. "Califa, sin embargo, obtiene mil espectros por galaxia, lo que nos ha permitido por fin cartografiar la historia de galaxias enteras".
Arqueología galáctica
Los investigadores aplicaron a los datos de Califa una técnica conocida como "método de registros fósiles", que les ha permitido establecer la historia de formación de estrellas en cada una de las cien mil regiones analizadas de un total de ciento cinco galaxias.
"Un fragmento de una galaxia puede considerarse como la suma de una población de estrellas con distinta edad, masa y metalicidad –o proporción de elementos más pesados que el hidrógeno y el helio–, y toda esa información se halla codificada en su espectro", explica Pérez.
Así, a partir de cada espectro, y disponiendo de una base de datos que contemple todas las posibles evoluciones de las estrellas, puede invertirse la evolución de la galaxia y averiguar cuánta masa se transformó en estrellas en cada momento y de qué tipo de poblaciones estelares se trataba.
Al establecer la evolución espacial y temporal de la muestra de galaxias, los investigadores observaron que no solo las galaxias más masivas crecen más rápido que las menores, sino que además lo hacen de dentro afuera, formando las regiones centrales en primer lugar. Las observaciones muestran que esas regiones son mucho más viejas que las zonas externas.
Además, calcularon el ritmo de formación estelar en regiones específicas con respecto a la media de su galaxia y hallaron un hecho curioso: "Vimos que para todas las galaxias y en todas las zonas el ritmo es similar, excepto en las zonas internas de las más masivas, donde vemos que nacen estrellas a una velocidad que dobla la media de la galaxia", destaca el investigador.
"Sin embargo, este máximo sucede cuando la galaxia alcanza una masa de pocas decenas de miles de millones de masas solares, y después el ritmo vuelve a caer para galaxias muy masivas". Ese pico de formación estelar, que los investigadores sitúan hace entre cinco y siete miles de millones de años, había sido descrito en estudios teóricos, pero nunca se había observado.
Estos resultados se ajustan muy bien a lo que se observa en la Vía Láctea –una galaxia de baja masa– y su vecina más masiva, la galaxia de Andrómeda, que presenta una región central envejecida. Las diferencias, plantean los investigadores, pueden deberse a que las galaxias masivas sufrieron en el pasado una fusión con otra galaxia, lo que aceleró el crecimiento de las zonas internas, mientras que las galaxias de baja masa evolucionaron más plácidamente.

Cómo crear vida multicelular en 60 días

La unión coordinada entre células distintas aportó a la vida los beneficios del aumento de tamaño y la división del trabajo. Pero, como cualquier avance, también implicó nuevos retos como la cooperación, la comunicación y la necesidad de controlar el sistema. La existencia de la vida multicelular se rige por las leyes de un ‘comunismo’ biológico donde el interés del ‘pueblo’ está claramente por encima de las necesidades individuales. Si no es así, el invento no funciona.
El origen de los animales, el cómo se pasó de una célula a trillones de ellas bien avenidas, es un misterio aún sin resolver. Pero sí se sabe que a la naturaleza le costó millones de años originar la multicelularidad, y que científicos de la Universidad de Minnesota (EE UU) lo han conseguido en 60 días. Los resultados de este estudio, liderado por el investigador William C. Ratcliff, se publicaron en enero del pasado año en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.
“Estábamos mi jefe, Michael Travisano, y yo tomando café en la oficina hablando de cuál sería el experimento más guay que podríamos hacer en el laboratorio –explica a SINC Ratcliff–. Decidimos que el origen de la vida era demasiado difícil, pero que hacer evolucionar un grupo de células hasta la multicelularidad podía ser factible”. Y se pusieron manos a la obra.
“Estábamos mi jefe y yo hablando de cuál sería el experimento más guay para hacer en el laboratorio y decidimos replicar la multicelularidad”
Codo a codo, mucho más que dos
El sujeto de estudio fue Saccharomyces cerevisiae (la levadura unicelular que se usa para la fermentación de la cerveza), y la presión evolutiva, la fuerza de la gravedad. El equipo de Travisano diseñó un sencillo experimento donde volverse multicelular fuera una ventaja adaptativa.
Los investigadores dejaron crecer las levaduras en un frasco con un caldo rico en nutrientes y en agitación. A las 24 horas detuvieron el movimiento. Las células que se habían organizado en grupos pesaban más y se hundían más rápidamente que el resto. Los científicos traspasaron las células del fondo del frasco a uno nuevo y las dejaron crecer 24 horas más. Este proceso lo repitieron 60 veces en 10 frascos distintos. A las pocas semanas Ratcliff se dio cuenta de que la mayoría de levaduras ya no crecía individualmente: habían evolucionado para formar uniones indivisibles.
“Este estudio me sorprendió porque es una aproximación completamente nueva”, explica por teléfono a SINC Iñaki Ruiz, investigador ICREA (siglas de Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats) del Instituto de Biología Evolutiva. “Se había logrado in silico, a través de ordenador, pero un experimento con el organismo en sí y en el laboratorio no se había hecho nunca. Es un estudio interesante y divertido”, se asombra el biólogo.
Sacrificios por el bien común
“Un grupo de células no tiene por qué ser un organismo multicelular –aclara Ratcliff–, pero cuando las partes cooperan, hacen sacrificios por el bien común y se adaptan a los cambios, entonces sí se puede considerar que es una transición hacia la multicelularidad”.
Las partes de un organismo multicelular cooperan, hacen sacrificios por el bien común y se adaptan a los cambios
Y así sucede en este experimento. Las nuevas agrupaciones nacen por propágulos, “igual que muchas plantas”, puntualizan los científicos en su artículo. Una o varias células se liberan del grupo parental y forman otro individuo distinto. Para que esto ocurra, algunas han de morir y convertirse en un punto de rotura a partir del que se libera el nuevo organismo, y exactamente eso es lo que pasa: entran en apoptosis, que es como sutilmente se llama al suicidio en el mundo celular.
“La multicelularidad que hemos obtenido en este experimento no es tan compleja como la de un animal, donde una célula madre se puede convertir en una neurona o en una célula sanguínea –comenta Ratcliff–. Pero desde un punto de vista evolutivo es muy similar, porque las células apoptóticas sacrifican su reproducción por el bien del grupo”.
Según Iñaki Ruiz la apoptosis es uno de los puntos clave de este estudio: “Se tiene que investigar si el suicidio celular es causa o consecuencia de la rotura”, comenta. Efectivamente el equipo de Minnesota se planteó en su momento que, o bien las células que morían se convertían en un punto frágil del organismo y el sitio ideal para que el propágulo se separara, o bien la separación del fragmento provocaba la muerte celular.
Para saber qué sucedía en realidad, los científicos rompieron mecánicamente los grupos y observaron la viabilidad celular. “No detectamos mortalidad en las zonas de rotura, por lo que estamos completamente seguros de que la apoptosis es la causa de la separación, y no al revés”, asegura Ratcliff.
Conflictos de intereses
Según Aurora Nedelcu, investigadora de New Brunswick (Canadá) y experta mundial en apoptosis, este es un proceso necesario para el desarrollo de la multicelularidad. “Las dos principales razones de ser del suicidio celular son eliminar células dañadas o con mutaciones y células superfluas durante el desarrollo embrionario –explica a SINC–. Las personas que nacen con dedos de más es porque tienen defectos en la apoptosis”.
Hay células que se suicidan o sacrifican su reproducción por el bien del grupo
La cooperación entre células supone un gran conflicto de interés. Una célula que engañe al resto y obtenga de ello una ventaja evolutiva será seleccionada por encima de las demás, y los genes que determinan ese comportamiento se propagarán.
Los seres multicelulares tienen que tener un estricto control genético para que haya las mínimas células que engañen porque, cuando eso sucede, como pasa por ejemplo durante un cáncer, el organismo puede morir. “Nuestro modelo de levaduras puede servir para saber por qué una célula se sacrifica por las demás y entra en apoptosis o se aprovecha del resto y acaba generando un cáncer”, explica a SINC Michel Travisano, coordinador del trabajo.
Este conflicto de interés es menor si las células tienen un origen común. “Un grupo formado por células genéticamente parecidas cooperará más fácilmente que si está constituido por células sin ningún parentesco”, señala Iñaki Ruiz.
El origen de la diversidad de los metazoos (animales) reside en esta opción, “en que cuando una célula se divide en dos, estas se mantienen unidas, no en la agregación de dos células distintas”, afirma el experto catalán. En el trabajo de Ratcliff, los investigadores analizaron los agregados y demostraron que las células no se unían al tuntún, sino que se mantenían juntas tras la división celular.
Rebuscando entre los genes
Pero si realmente la multicelularidad es tan complicada y se compara en importancia al origen de la vida o la aparición de la célula eucariota, ¿cómo es posible obtenerla en un laboratorio y en un período de tiempo de semanas?
“Seguramente estamos ante una diferenciación celular muy simple, de dos o tres tipos celulares, y eso ha sucedido una veintena de veces a lo largo de la historia de la vida –responde Ruiz–. La multicelularidad compleja ya es otra cosa”. Un ejemplo de esta complejidad que comenta Ruiz son los más de 200 tipos de células que forman el cuerpo humano.
“El siguiente paso en esta investigación es el análisis de qué mecanismos y qué genes han sido necesarios para generar cada una de las líneas multicelulares obtenidas en el laboratorio”, explica Travisano. A día de hoy, las técnicas genómicas son las de referencia en el estudio del origen de la multicelularidad.
En España, el proyecto MultiCellGenome investiga el salto evolutivo que permitió la formación de órganos y de toda la diversidad animal
En España, el proyecto MultiCellGenome liderado por Iñaki Ruiz investiga las causas genéticas de este gran salto evolutivo que permitió la formación de órganos y de toda la diversidad animal. En su estudio compara los genomas de organismos multicelulares con sus parientes unicelulares más cercanos para saber qué genes fueron los responsables del gran cambio.
“Hemos encontrado diferencias genéticas muy importantes, pero, curiosamente, también hay genes fundamentales para la multicelularidad que ya existen en organismos unicelulares –señala Ruiz–, por ejemplo, algunos implicados en la adhesión entre las células”.
La clave está en un simbionte del caracol
La estrella de esta investigación es Capsaspora, un ser unicelular parecido a una ameba con tentáculos que vive en la sangre de los caracoles tropicales. Este organismo es tan sencillo que no goza de desarrollo embrionario pero, en cambio, sí tiene genes relacionados con él. “La explicación que nosotros proponemos es la ‘coevolución’: genes que ya existen en el organismo unicelular y se mantienen en la multicelularidad con un cambio de función”, avanza Ruiz.
El futuro del proyecto MultiCellGenome es seguir comparando y analizando genomas para desentrañar el verdadero árbol filogenético de todos los animales. Ruiz y su equipo aspiran a entender los mecanismos genéticos y moleculares que permitieron uno de los mayores logros evolutivos de la historia de la vida en la Tierra.
Mientras tanto, en Minnesota también continúa la investigación. “Tenemos un montón de resultados nuevos que todavía no puedo contar porque no están publicados”, se disculpa Ratcliff por correo electrónico. Lo que sí puede avanzar es que cada vez conocen mejor las bases genéticas de los organismos que han obtenido y que sus siguientes objetivos son, a través de este experimento, investigar el envejecimiento y los beneficios evolutivos del sexo en la evolución de los animales.