Averiguar cómo crecen las galaxias, convirtiendo el gas en sucesivas
generaciones de estrellas, constituye un problema complejo. Se debe
disponer de información física detallada de una población numerosa de
galaxias y de bases de datos que permitan 'rebobinar' y extraer la
historia de formación de estrellas de cada una de ellas.
Ahora, la primera parte ha sido posible gracias al sondeo Califa (Calar Alto Legacy Integral Field Area),
con el que se ha comprobado que las galaxias masivas, además de crecer
más rápido que las menores, lo hacen de dentro afuera, es decir,
desarrollando sus regiones centrales primero.
CALIFA es un
proyecto que se halla en plena ejecución en el Observatorio de Calar
Alto, operado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) y
el Instituto Max Planck de Astronomía (MPIA-MPG, Heidelberg Alemania).
Los
sondeos de galaxias recurrían, tradicionalmente, bien a la toma de
imágenes, que aporta información detallada sobre la estructura
galáctica, o bien a la espectroscopía, que revela las propiedades
físicas de las galaxias (composición, temperatura, edad...) pero sin
acotar esos rasgos a regiones específicas.
"El sondeo más empleado
hasta la fecha, el SDSS, nos proveía de un espectro por galaxia, lo que
produce un sesgo observacional", asegura Enrique Pérez, investigador
del IAA que encabeza la investigación. "Califa, sin embargo, obtiene mil
espectros por galaxia, lo que nos ha permitido por fin cartografiar la
historia de galaxias enteras".
Arqueología galáctica
Los
investigadores aplicaron a los datos de Califa una técnica conocida
como "método de registros fósiles", que les ha permitido establecer la
historia de formación de estrellas en cada una de las cien mil regiones
analizadas de un total de ciento cinco galaxias.
"Un fragmento de
una galaxia puede considerarse como la suma de una población de
estrellas con distinta edad, masa y metalicidad –o proporción de
elementos más pesados que el hidrógeno y el helio–, y toda esa
información se halla codificada en su espectro", explica Pérez.
Así,
a partir de cada espectro, y disponiendo de una base de datos que
contemple todas las posibles evoluciones de las estrellas, puede
invertirse la evolución de la galaxia y averiguar cuánta masa se
transformó en estrellas en cada momento y de qué tipo de poblaciones
estelares se trataba.
Al establecer la evolución espacial y
temporal de la muestra de galaxias, los investigadores observaron que no
solo las galaxias más masivas crecen más rápido que las menores, sino
que además lo hacen de dentro afuera, formando las regiones centrales en
primer lugar. Las observaciones muestran que esas regiones son mucho
más viejas que las zonas externas.
Además, calcularon el ritmo de
formación estelar en regiones específicas con respecto a la media de su
galaxia y hallaron un hecho curioso: "Vimos que para todas las galaxias y
en todas las zonas el ritmo es similar, excepto en las zonas internas
de las más masivas, donde vemos que nacen estrellas a una velocidad que
dobla la media de la galaxia", destaca el investigador.
"Sin
embargo, este máximo sucede cuando la galaxia alcanza una masa de pocas
decenas de miles de millones de masas solares, y después el ritmo vuelve
a caer para galaxias muy masivas". Ese pico de formación estelar, que
los investigadores sitúan hace entre cinco y siete miles de millones de
años, había sido descrito en estudios teóricos, pero nunca se había
observado.
Estos resultados se ajustan muy bien a lo que se
observa en la Vía Láctea –una galaxia de baja masa– y su vecina más
masiva, la galaxia de Andrómeda, que presenta una región central
envejecida. Las diferencias, plantean los investigadores, pueden deberse
a que las galaxias masivas sufrieron en el pasado una fusión con otra
galaxia, lo que aceleró el crecimiento de las zonas internas, mientras
que las galaxias de baja masa evolucionaron más plácidamente.
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