Existe un vivo debate en la comunidad científica ligado al aumento de
tumores de garganta —fundamentalmente orofaríngeos, situados entre el
final de la cavidad bucal y el principio de la garganta— causados por el
virus del papiloma humano (VPH). Y sobre todo, por su relación con el
sexo oral, un vínculo sobre el que cada vez hay menos dudas.
En unas horas, el actor Michael Douglas ha trasladado esta cuestión
del ámbito académico y los laboratorios a la calle. The Guardian publicó
el domingo unas palabras del estadounidense en las que
culpaba del cáncer de garganta que ya ha superado al virus del papiloma humano (VPH)
y sugería que el contagio del agente patógeno fue a través de sexo
oral, en concreto, practicando cunnilingus. Su representante se apresuró
a desmentir las declaraciones del actor, a lo que el rotativo británico
respondió reafirmándose
y haciendo pública la grabación con las palabras del actor
norteamericano. Incluso, ha intervenido en el debate la exmujer de
Douglas, Diandra, que ha negado que ella fuera el punto de partida de la
infección.
Voces a favor de vacunar también a los niños
El arranque de la vacunación del papiloma fue polémico. Por un lado,
por las dudas que surgieron por el coste de la medicación (500 euros las
tres dosis) cuando el cáncer de cérvix suele detectarse precozmente
mediante citologías (el test de Papanicolau). Por otro, por las dudas de
seguridad que surgieron a raíz de algunos supuestos efectos adversos
registrados (algunos graves, como dos niñas de Valencia que sufrieron
convulsiones).
Ahora, cada vez son más las voces que plantean que no solo se
administre a niñas, sino también a niños por su capacidad inmunológica
frente a tumores anales o de pene. Pero también orofaríngeos, a raíz de
los estudios que destacan el aumento de casos. El Comité Asesor para la
Inmunización en Adultos de EE UU recomendó en febrero del año pasado
inmunizar a los varones entre 11 y 21 años. La agencia sanitaria
estadounidense (la FDA) aprobó las indicaciones de la vacuna para niños
el pasado octubre. Australia ya protege de forma gratuita a niñas y
niños.
La vacuna entró en el calendario español en 2008, solo para niñas
entre 11 y 14 años, para prevenir el cáncer de cuello de útero. Los
compuestos en el mercado protegen frente a los genotipos 6 y 11 (ligados
a las verrugas genitales) y 16 y 18 (responsables del 70% de estos
tumores). Desde entonces, distintos trabajos han apuntalado la eficacia
de la medida y su seguridad. “Claro que tiene efectos secundarios, el
riesgo cero no existe en ningún fármaco”, comenta Xavier Castellsagué.
En un pronunciamiento del Centro Europeo de Control de Enfermedades,
el organismo alentó en septiembre a elevar las tasas de vacunación entre
las niñas, aún muy bajas en los 19 países estudiados.
Respecto al debate de incluir a los varones, la agencia europea pidió
tiempo para decidirse: “Pese a los beneficios, los modelos económicos
actuales indican que incluir a los niños no parece que sea coste
efectivo. Sin embargo, el asunto puede retomarse cuando haya más datos
y, sobre todo, si las vacunas se abaratan”.
Entre las voces críticas contra la vacuna está Juan Gérvas, médico de
familia y coordinador del grupo de estudios CESCA. Fue uno de los
impulsores de un manifiesto que pidió al Ministerio de Salud una
moratoria en la vacunación del papiloma hasta tener más evidencias de su
eficacia y sigue manteniendo esta opinión: “Extender la vacuna es
absurdo, es innecesaria e ineficaz”.
La investigación sobre el peso del virus en los tumores de garganta
es relativamente reciente, y arranca de la paradoja detectada por
científicos estadounidenses a mitad de la década pasada de que mientras
cada vez había menos población fumadora, la incidencia de algunos
tumores orales, en lugar de caer, ascendía. Además, el aumento tenía
lugar entre pacientes relativamente jóvenes, de menos de 45 o 50 años y,
sobre todo, en población blanca. La atención, entonces, se centró en el
cáncer —carcinoma de células escamosas— de orofaringe —amígdala,
paladar blando, base de la lengua—, al detectar que un número creciente
tenían su origen en una infección del VPH. Tradicionalmente, este tipo
de tumores se relacionaba con el consumo de alcohol y tabaco. De hecho,
no hay que perder de vista que estos dos factores siguen siendo los
principales responsables los tumores en la boca y garganta en España.
Para comprobar en qué medida se podía asociar el VPH a estas
neoplasias, un grupo de investigadores de la Universidad Estatal de Ohio
y el Instituto Nacional del Cáncer (INC) estadounidense se propuso
analizar tejidos de tumores de orofaringe almacenados en el banco del
Residual Tissue Repository Program del INC y buscar la presencia del
virus en las muestras seleccionadas. El trabajo, coordinado por Maura
Gillison, y publicado en 2011 en el Journal of Clinical Oncology,
analizó 274 biopsias obtenidas entre los años 1984 y 2004. Y observó que
el número de tumores relacionados con el VPH se había disparado durante
estas dos décadas. En el periodo de tiempo analizado, el virus del
papiloma había pasado de estar en —y ser causante de— el 16% de los
tumores archivados en 1984 a detectarse en el 71% 20 años más tarde.
Estudios similares en Estados Unidos rebajan al 60% el origen vírico de
este tumor y en Dinamarca al 30%, mientras que en Suecia se eleva al
80%.
Apenas existen estudios que midan la presencia del virus del papiloma
entre estos tumores de garganta en España. “Nosotros presentamos uno
hace un año”, explica Laura Cerezo, jefa del servicio de oncología
radioterápica del hospital La Princesa. Como sus colegas
estadounidenses, echaron la vista atrás y
analizaron las biopsias de 93 pacientes obtenidas entre los años 2000 y 2008
en La Princesa y los hospitales Ramón y Cajal, Puerta de Hierro y 12 de
Octubre, todos de Madrid. Encontraron que en el 26% de los casos los
tumores tenían relación con el VPH, muy por debajo del 70% del estudio
publicado en el Journal of Clinical Oncology y próximo al 30% de
Dinamarca.
De continuar la tendencia al alza de la presencia del virus en
Estados Unidos, Gillison advirtió de que los tumores de orofaringe
originados por el virus del papiloma se convertirían en el primer tipo
de tumor de cabeza y cuello en EE UU, y que en 2020 superarían la
incidencia del cáncer de cuello de útero, el más numeroso entre los
provocados por el virus. En España, se detectan unos 2.000 tumores (más
de 700 muertes) de cérvix uterino al año (Informe Globocan 2008). Los
relacionados con el virus de papiloma en orofaringe y en la cavidad
bucal —un pequeño porcentaje, según algunos investigadores— no alcanza
el millar, según apunta Cerezo. Son muy pocos los 200.000 tumores que se
diagnostican al año, pero podrían crecer notablemente de cumplirse las
predicciones de la investigadora estadounidense y aplicarse en el
escenario español.
Los estudios dejan claro que cada vez hay más tumores orales causados
por el virus del papiloma. Pero, ¿cómo llega el patógeno al final de la
boca?
En el 90% de los casos, la infección de VPH desaparece a los dos años
Gilligan, al presentar los resultados de su trabajo ya sugirió la
respuesta: “Puede que estos aumentos reflejen cambios en el
comportamiento sexual, como un incremento del sexo oral”. Un año antes,
en un editorial del British Medical Journal, varios investigadores
apuntaban al sexo oral como la causa más probable de contagio. Estudios
epidemiológicos lo refrendan. Así como el hecho de que el tipo de virus
que está en la garganta es el máximo responsable de los tumores de
cuello de útero: como apunta Juan José Vilata, catedrático de
Dermatología y Venereología de la Universidad de Valencia, y Xavier
Castellsagué, investigador del Instituto Catalán de Oncología (ICO), la
pista buena está en el genotipo 16.
Hay más de un centenar de variantes genéticas del virus del papiloma
humano. Todos atacan la piel y las mucosas. Pero ni son igual de
agresivos ni actúan en la misma zona. El genotipo 1 es el responsable de
las verrugas de las manos y los pies. Hay unos 30 relacionados con la
zona anogenital que se transmiten sexualmente. El 6 y el 11 están detrás
de los papilomas venéreos —el principal motivo de las consultas de
venereología, en torno a una de cada tres—. Hay dos tipos de virus del
papiloma especialmente oncogénicos: el 16 y el 18, responsables del 70%
de los tumores causados por el VPH. Son estos la causa principal del
cáncer de cérvix. Pero también de la mayoría de los tumores de ano
(70%), o de vulva y pene (50%), como señala Vilata, que también es jefe
clínico de dermatología del hospital General de Valencia. En todos estos
casos, el contagio es sexual.
Un estudio español encontró el virus en el 26% de tumores de orofaringe
Hasta aquí, todo normal. Pero ¿cómo accede el virus de la zona
genital al principio de la garganta? “Lo lógico es pensar que el
contagio es también por vía sexual a través de cunilingus o fellatio”,
indica Vilata. “No puede ser de otra forma”, añade Castellsagué, que
subraya que el genotipo que se suele encontrar en la garganta es el 16,
el predominante en el cáncer anogenital: todo encaja. “Es el mismo
genotipo y comparten el patrón de transmisión sexual”, añade
Castellsagué.
Hay facultativos, sin embargo, que no aceptan la opinión mayoritaria
entre los especialistas consultados, que relacionan el sexo oral con
estos tumores. Como Álvaro Vives, responsable del departamento de
infecciones de transmisión sexual de la Fundación Puigvert de Barcelona.
“No cuadra”, comenta este especialista, “el virus necesita contacto
directo para el contagio, y este no existe con la zona de la orofaringe,
las infecciones deberían estar en los labios y en la lengua, no al
final de la boca”. “No está nada claro cómo llega el virus allí”, añade.
“Asegurar que es a través del sexo oral es una animalada”. De hecho,
considera que el sexo oral “es el más seguro, en especial el
cunnilingus”.
Asegurar que es a través del sexo oral “es una animalada” dice un médico
Cerezo responde a algunos de los interrogantes que plantea Vives.
Explica que la mucosa de la boca o la parte móvil de la lengua es
distinta, “más resistente”. El tejido de la base de la lengua y las
amígdalas es linfoide, “más blando, con cavidades”, por eso el virus
tiene más facilidades para encontrar resguardo, después de atravesar la
boca de camino a la garganta.
Quedarían otras cuestiones pendientes por responder. Por ejemplo,
¿Por qué cada vez hay más tumores de boca provocados por el VPH?
Gilligan ya adelantó la contestación al aludir al cambio de prácticas
sexuales. “Hay estudios epidemiológicos que relacionan el número de
parejas sexuales con la infección”, añade Castellsagué. La extensión de
prácticas de sexo oral en las últimas décadas tendría su reflejo ahora,
dado el lento desarrollo de este tipo de tumores de origen vírico.
En todo caso, si se trata de buscar culpables entre los factores de
riesgo del cáncer de garganta, el tabaco es “mucho peor” que el sexo
oral, como insiste la investigadora del hospital La Princesa. Distintos
investigadores apuntan que los cigarrillos, así como el alcohol, actúan,
además, como desencadenantes de la actividad neoplásica del papiloma.
Solo el 1% de las infecciones deriva en una lesión cancerosa o precancerosa
El VPH genital es muy común. El 80% de las personas sexualmente
activas se infectará a lo largo de su vida por alguna —o varias— de sus
variantes, lo que no quiere decir que ello se traduzca en lesiones o
patologías. “En 9 de cada 10 mujeres infectadas en el cuello del útero,
el virus desaparece con el tiempo”, apunta Castellsagué. “Se resuelve en
uno o dos años sin tratamiento”, añade Vilata. “Solo el 10% se
convierten en portadoras crónicas y únicamente un 1% tendrá una lesión
precancerosa o cancerosa”, comenta el investigador del ICO. Todo este
proceso es largo, y desde el contacto con el virus hasta la aparición de
la enfermedad pueden transcurrir entre 10 o 15 años. Es decir, ser
portador de los virus carcinógenos no es, ni de lejos, sinónimo de
desarrollar la enfermedad.
Es probable que lo mismo suceda en los tumores originados por el
virus de papiloma en la garganta. “De momento, hay pocos estudios sobre
la historia natural de la infección, datos como la incidencia,
persistencia o la tasa de limpieza”, apunta el investigador catalán.
Vilata insiste en los factores asociados que potencian la
carcinogénesis. Y no solo en el alcohol o el tabaco. “También se ha
comprobado que el virus del papiloma humano es más agresivo en pacientes
inmunodeprimidos”.
Además de la poca prevalencia actual, las bajas probabilidades de que
la infección acabe en una neoplasia o la probable necesidad de que
tengan que intervenir otros factores además del VPH para que haya una
lesión tumoral, existe otro factor a favor en estos procesos frente a
los tumores clásicos que tienen su origen en el tabaco o el alcohol. Las
tasas de supervivencia a los cinco años de los afectados por tumores de
orofaringe asociados al papiloma es del 55% al cabo de los cinco años,
superior al 46% de los otros tumores. “Ello permite tratamientos menos
agresivos”, añade Cerezo.
Castellsagué y otros investigadores están a punto de publicar nuevos
trabajos sobre el VPH y los tumores de cavidad bucal y orofaringe que
arrojarán más luz sobre esta relación descubierta hace apenas 10 años.